martes, 6 de mayo de 2014

Marathon des Sables. Etapa 3

En cualquier ejercicio hemos de entregarnos
 hasta los últimos límites del placer
y evitar comprometernos más allá, 
donde el dolor empieza a intervenir.
Michel de Montaigne

No hay que dejarse llevar por el sentimiento del deber,
 por la pasión o por la ambición
más allá de donde uno quería y quiere ir, 
hay que comprobar sin descanso el valor de las cosas,
no sobrevalorarlas y acabar cuando acaba el placer. 
No convertirse en esclavo, ser libre.
S. Zweig



Ayer no disfruté. Ayer no le vi sentido a esto. Así que el plan es control de daños. No sacrificar presente y futuro a medio plazo y amortizar la experiencia llevándome la medalla de esta batalla sin perder demasiado.

Quienes os pasáis por aquí con mayor o menor frecuencia sabéis que no me achanto cuando las cosas se ponen feas, pero no busco el límite, no busco pasarlo mal por pasarlo mal y presumir de ello. Si salgo y caen chuzos de punta o tengo que abrir camino en la nieve lo hago, pero si pintea, me quedo en casa. Creo que mucha gente ha perdido la perspectiva, el  pain es una estación intermedia que podemos encontrar por casualidad o porque estamos dándolo todo, pero no es la estación de destino. Para mi y conmigo, la violencia gratuita no tiene sentido. Están los recuerdos, cuando empecé a preparar esta aventura, perdí un mes por recaer en una lesión anterior. Y en las últimas semanas aparecía un dolor conocido cuando pasaba de dos horas. Así que tenía que lidiar con llevarme a casa y hacerlo lo más sano y salvo posible.


El plan es correr hasta donde pueda, la primera hora, tirarme en las haimas de cada CP y llegar al siguiente de la manera más rápida posible pero sin pensar ya en el tiempo. Se trata de llegar cuanto antes para evitar las horas centrales de calor, pasar el menos tiempo posible en carrera y empezar a recuperar enseguida.


Cuando elegí el material escogí llevar sólo 1'5L de agua cada vez. En los CP pares dan 3L. Los primeros días tiraba lo que no bebía o cargaba. Ahora me echo el agua encima y empapo el buff que me coloco al cuello. Es una chorrada, pero voy bastante mejor que ayer, tanto que hoy ya no paro media hora en los CP, apenas la mitad. Y arranco mejor.

Consejo para mis futuras carreras en calor: tan importante como hidratarse bien, es refrigerarse, es casi tan rentable beber como bajar la temperatura corporal, bien echándose agua por encima, que se evapora rápido, cómo colocándose prendas empapadas que van refrescando durante más tiempo.


Es equivocado pensar que correr en el desierto es como hacerlo en una playa grande, arena y dunas. Hay montañas, o eso parece, y hay dunas enormes. Tras estar casi una hora intentando llegar a la cima, cuando estoy arriba sólo pienso en bajar y afrontar la siguiente. No paro a hacer fotos ni a exclamar la belleza y la maravilla de las vistas. No es turismo. Es una carrera. Quizás esto es bonito en una moto de enduro o en un todoterreno, pero no a pie, bajo la solana, con el agua contada, casi diez kilos a la espalda y a un paso cansino que hace que el mismo paisaje se quede en la retina para siempre a base de no cambiar.

6h56'06" para 41km, a 5'58km/hora. Llego a meta en la mitad de la clasificación, el 427. Supongo que ese es mi sitio. Ni con los que andan ni con los que han venido a andar, que son legión, con sus mochilas de 30, 40 o 60L, bastones y un paso firme y sin pausa.

Estoy contento porque he pasado el ecuador de la prueba. Lo de mañana está chupado, 81km en 34horas, me lo planteo en dos etapas de 40km en 17horas cada una, bastante más tiempo del que dan para jornadas más cortas. Estiro. Me ducho, me lavo la cabeza. Saco el lomo y el jamón del bueno, que en un lugar como éste no hay que escatimar.  Estoy como nuevo. Esto (casi) está hecho.

último día que compartí quilómetros con este señor, quizás a final de mes otra vez...

domingo, 4 de mayo de 2014

Marathon des Sables. Etapa 2.

Nunca hubo más comienzo que el de ahora,
ni más juventud o vejez que las de ahora,
y nunca habrá más perfección que la de ahora,
ni más cielo o infierno que los que hay ahora.
Walt Whitman

Me llevé un libro a Sables, recomendado por un buen amigo, sobre la infancia de su autor en un país parecido a éste en que me encuentro. Lo dejé en la maleta, no quería sumar más gramos a una mochila a punto de reventar tanto ella como mi espalda y, como descubriría más tarde, sería algo, únicamente en este momento y este lugar, totalmente inútil. La carrera y sus preparativos me dejan libre a las 16horas como muy tarde. Entretener las horas hasta el anochecer es fácil. Hacer cola para enviar un mail, hacer una cola más reducida para llamar 5', estirar, ducharme o estudiar el perfil de la etapa del día siguiente. Echaba de menos estar tanto tiempo tirado, literalmente, sin hacer nada. Y sin pensar en nada. Nada de yoga o historias zen. Tumbado, despierto, con la mente despejada mientras el tiempo pasa como la arena llevada por la brisa.




Me levanto y la espalda no me duele. La etapa de hoy parece más corrible que la de ayer. Así que cuando dan la salida, voy en el grupito que persigue a la élite, a un ritmillo que sobre el asfalto un observador pensaría que somos de los últimos en llegar pero que aquí es todo lo contrario. El viejecillo de ayer tardaría en pasarme y poco después me alcanzaría el dolor de espalda, un par de kilómetros antes de llegar al primer punto de control (CP), no está mal, 75' para cubrir 11'5km. Bebo agua y empiezo a correr. No puedo, todavía veo el CP y no puedo correr. Mi problema, y lo he hablado con algunos élite a los que también les pasa, es que no sé andar. No sé correr, pero en los últimos años corro rápido. No sé si sabré andar, pero no sé andar deprisa. Poco a poco empiezo a hundirme en la arena. Ni el terreno ni mi espalda me dejan correr. Aún en otra superficie podría alternar caminar y correr. Pero aquí y hoy no puedo. Cada vez ando más despacio y primero me pasan autobuses de corredores y después trenes de andadores. Y si la memoria no me falla, la distancia entre CP1 y CP2 es más larga de lo habitual, 15km. 15km dan para mucho. 3horas andando bajo las horas más calurosas del día dan para mucho. Mucho casi llega a ser demasiado.

qué hago aquí?; casi llevo  la media de mis kilómetros semanales a principios de la segunda etapa y lo que queda...; mañana, si llega, más de lo mismo; y menos mal que aún no me ha salido ninguno de mis viejos dolores; vaya calor!, el horizonte no llega nunca y hace rato que se acabó el agua; mucho entrenar la carrera pero nunca me he puesto a andar deprisa, a salir de aquí cuanto antes; porque he pagado un dineral; porque al final lo dije en el facebook; porque A. cree en mi; porque ayer éstos tardaron 10horas, y yo llevo 3 y pico, aún no me han pasado, malo ha de ser que no me de tiempo a llegar dentro de límite, para retirarme tiempo tengo; venga, otro paso...


Estoy aquí. Estoy ahora. Y mientras pueda, voy a acabar lo que toca hacer. Lo que he venido a hacer.

El Marathon des Sables da muy bien en la tele, planos amplios desde el helicóptero, preciosas fotos desde la arena, arena amarilla como la crema de un pastel, cielo puro azul como la imagen de la felicidad. Pero en carrera eso no lo ves. Todo lo veo como en un filtro quemado de instagram, más apagado y mortecino. Y apenas capto la amplitud del lugar. Soy humilde y agacho la cabeza ante los cincuenta y tantos grados que dicen que pillamos, me humillo ante el poder de la arena. Apenas veo más allá de la punta de mi visera, y por el rabillo del ojo veo pies que se arrastran y que aún así me adelantan. La piedra que está en la punta de mi visera parece que no cambia, si no es ella es su hermana que para el caso es lo mismo. Y en el llano interminable, esa duna, esa montaña que venía dibujada en el libro de ruta, está en el mismo lugar desde hace horas. Y yo que creía que entrenar en los caminos de la Meseta me tenía inmunizado de la distancia eterna.


Al final todo llega, y yo llego al CP2. Lleno los bidones, me bebo media botella de un tirón y la otra media caerá durante la media hora que dormito en las haimas que colocan en los controles. Cuando vuelvo a colocarme la mochila parezco otro. Estoy más fresco, camino pero voy más rápido. No hay tanto pensamiento negativo, y cuando el terreno me deja, podría ser sancionado por los jueces de marcha atlética. El CP3 llega en 8km y con él una tumbada larga a la sombra, después hay que subir una montañita corta al 15% y dejarse caer por una duna que se me antoja vertical. Yo, miedoso de las alturas, amplio la zancada y vuelo duna abajo aunque sean verticales. El único material en el que haría esto, si esas bajadas fueran de roca, tierra o incluso hierba casi tendrían que venir a rescatarme.

Me pasa mi compañera de haima. Va hablando alemán fluido con un teutón enorme. Me pasan a ese ritmillo que en la cinta continua no sabes si es andar deprisa o correr despacio y que soy incapaz de seguir. Poquito a poco se funden en el horizonte.



Llego a meta. El 528, de la mitad para atrás. 7h30'382 para 41km, a 5.46km/hora. Desde el CP2 ha cambiado mi táctica y estrategia si algún día las tuve. Ahora se trata de sobrevivir al menor costo posible. De llegar. De coger la medalla y volver a casa. Y a otra cosa.

Poco a poco llega el resto de integrantes de la 86. Vasco hace una entrada clavada a la de ayer, pero sin vómito. A pesar de los consejos no quiere ir a colocarse suero. Hoy estamos todos más perjudicados. Frisco, sin polainas desde los primeros kilómetros de MdS, se va a su cita rutinaria con los cuidadores de pies, que recortarán aún más la piel más externa de sus pies. Poco a poco la piel nueva, inexperta en este lugar, irá conquistando todo el espacio a la piel vieja y dura, curtida en horas de entreno. Poco a poco una marca se va extendiendo por el campamento, los que tienen los pies rojos de la mercromina y los que no.


Hoy no hay ampollas nuevas, después de estirar parece que la espalda no me derrotará hoy. Comer, aparte del placer de saborear la comida y de saber que recargo energía, me da el gusto extra de saber que mañana cargaré con otro medio kilo menos como poco. Mañana el plan es otro.

jueves, 1 de mayo de 2014

Marathon des Sables. Etapa 1.

Parece mentira que no cuidemos la vida, que es un paréntesis.
Tenemos toda la eternidad para no ser.
José Mujica

Son las seis menos veinte de la mañana y estoy en el desierto marroquí esperando que amanezca para empezar a preparar las cosas que llenen mi paréntesis. Me ha costado dormirme, no pillaba la temperatura; saco cerrado, saco abierto... no dormía en uno desde hace más de veinte años, es estrecho y los muslos sudan. Igual que haré el resto de los días, empecé a dormirme con el saco abierto y sin camiseta, acaso un buff en la cabeza para evitar el polvo, si me despierto subo la cremallera y si lo vuelvo a hacer me pongo una camiseta térmica. Pero he dormido bien, a pesar de que me gusta hacerlo de lado mirando siempre a la ventana, y aquí, aparte de escoger entre compañero y tela polvorienta a los laterales, es más cómodo dormir en decúbito supino. Pero me he despertado mucho antes que la gran mayoría de los sableros y eso tiene como ventaja no hacer colas delante del baño y usarlo en soledad. Orinar mirando a las estrellas, es una de las cosas que tampoco tienen precio. Aunque tengas arena en las legañas.

encima del nueve

A las seis empieza la actividad en el campamento. Por los extremos empiezan a desmontar las tiendas. Ha dado tiempo a preparar el desayuno, comentar los ronquidos nocturnos, ir a buscar el agua (1'5L) a la plaza central y volver a meter todo en la mochila antes de que nos quiten la alfombra. A veces más de una hora hasta que den la salida. Si todas las salidas acaban con la paciencia de los integrantes de la haima 86, la primera fue la que más nos enervó, nos hacen formar dentro de los corrales (donde no entramos) para formar un gran 29 que se vea desde el aire y luego sacar un par de fotos, cargados con el equipo completo. ¿Por qué no lo hicimos ayer que estábamos más animosos? Cumplido el trámite toca dirigirse a la salida donde el inventor de todo esto y una traductora nos dan las noticias del día, que si hay una familia americana de tres miembros cuya hija de 16 años es la más joven este año, que si nos espera una etapa de 34km con 12 iniciales con dunas, que si es el cumpleaños de fulanito y fulanita, que si les cantamos el cumpleaños feliz, que si bailamos el Happy de Pharrell Williams... todo esto supone más de media hora todos los días, cargados, bajo el Sol, esperando que suene el Highway to Hell que marca diez segundos para salida, con retraso... el horror, detalles como estos ayudan a que puedan decir que es la carrera más dura del mundo.


Consejo que aprendí el cuarto día: no te pongas la mochila cuando te convoquen a la salida, tírate por ahí, descansa buscando una sombra, prepárate cuando empiece la cuenta atrás y no tengas prisa por figurar en la primera línea o siquiera en el meollo. Sal a tu ritmo, en unos kilómetros la carrera ha puesto a cada uno en su sitio, y si no, lo acabará haciendo, independientemente de dónde te hayas colocado.


campamento al fondo y todos éstos ya van caminando 
con diez horas por delante

Empiezo a correr metido en el mogollón. Mil y pico mochileros en estampida hacia el infinito mientras un helicóptero los sobrevuela una y otra vez. Las salidas siempre son anchas y permiten colocarse. Poco a poco la cabeza se marcha pero yo figuro entre los primeros sin forzar, es una carrera larga y voy al ritmo que creo, y espero, poder mantener. En el km3 empiezan las dunas, y al poco un señor mayor al trantrán se pone a mi lado y sin que haga ningún gesto por dejarme en unos minutos se ha marchado. También hará lo mismo uno cuya cara me suena porque es él quien recomienda la pauta de nutrición de la marca que he comprado. 12km de dunas que nos ponen a cada uno en nuestro sitio, pronto aprendo que lo mejor es seguir la huella de las Hoka, ancha y estable, donde es posible que la arena esté más compacta y que es mejor bajarlas corriendo y zancada amplia. Mucha gente se aleja del camino de hormigas con mochila y decide trazar su propio camino, conocen el desierto.

esta es la duna más grande que he encontrado en las fotos, 
pero ni siquiera es la duna más grande de las pequeñas
que nos encontramos el primer día.

Soy incapaz de ir más deprisa en las dunas. Es mi primera vez. Salir de ellas es una liberación. Empiezo a correr, voy ágil por este terreno de arena sobre piedra o tierra dura, al poco empieza un intenso dolor de espalda que me impide trotar bajo castigo de fuertes pinchazos primero en los hombros y luego en todo el dorsal. Pero voy en un grupo bastante amplio que se dedica a correr y caminar, correr y caminar, caminar cuando no se puede correr. Aprendo  que no sé correr sobre arena ni sobre cauces secos de ríos, superficie que parece compacta y que al pisarla por primera vez se hunde. Hay que cambiar los apoyos, la zancada y evaluar constantemente si la eficiencia energética viene de andar deprisa o de correr despacio.


34km, 970mts de desnivel positivo. 5h43'51", puesto 228. Satisfecho pero preocupado por el dolor en los hombros que impide correr. A posteriori, no me parecerá un día caluroso. Abandonarían 27 personas, casi la mitad del total de 2013, entre ellos la familia americana y un japonés disfrazado de vaca que, dicen, sí fue finisher el año pasado. Ampliaron el tiempo de corte una hora para rescatar corredores. Personalmente me parece mal que salvo catástrofes imprevistas se cambien las reglas una vez empezada la carrera. Cada uno se planifica los ritmos según los tiempos de corte y se retira si ve que no llega. No entro a debatir si sale más económico para la organización mantener tres decenas de corredores en carrera o desplazarlos cientos de kilómetros hasta la próxima ciudad, pero ampliar sin ton ni son los tiempos de corte sin avisar hacen que la gente le pierda el respeto a estas pruebas de resistencia.


Llego al campamento. Recojo el rico té a la llegada, cargo con el agua y me voy a la haima, siempre de las más alejadas de la llegada. Mi zona parece despoblada. 

Caliento el agua y me preparo el liofilizado, mientras, me tomo un batido de vainilla. De postre, compota de manzana. Son las 16h. Poco a poco llegarán el resto de mis compañeros. Algunos al anochecer. Es hora de repasar las heridas en las polainas y los pies. Dos ampollas, las colonizo pasándoles un hilo. Ahora están bajo mi dominio. El resto del cuerpo está bien. Las polainas un poco maltrechas, pero aguantan. La ropa no huele. Y estoy contento porque he aligerado la mochila apenas medio kilo.

 Es hora de sentarnos a comentar el día. El primer día nadie tiene sueño aunque todos sentimos los cuerpos.

Frisco pegó las polainas y se despegaron en los primeros kilómetros, así que llega andando con los pies doloridos por las ampollas. Marcha a la enfermería de donde volverá un par de horas después con la piel recortada y envuelta en esparadrapo.
agradecerás las piedras, buscarás correr por una escombrera
y la vista te engañará, aunque lo veas, el bivouac está lejos

Consejo: QUE UN ZAPATERO TE COSA LAS POLAINAS, y que lo haga bien. En una carrera en autosuficiencia, donde todo pesa, cada detalle cuenta y es muy importante. Pero unas polainas bien cosidas son vitales, y apenas me costó 4€.

Poco antes del cierre llega Vasco. Viene pálido. Le ayudamos a quitarse la mochila, se apoya en las extremidades delanteras y vomita. Vienen los sanitarios, toma de constantes, un antiemético, sales y descansa. Duda si ir a la enfermería a que le coloquen un suero, quedan 5 etapas y sólo es posible ponerse en dos ocasiones so pena de expulsión, y tampoco son gratis, cuestan horas en la clasificación. Decide no ir. Nos contaron que hubo un tiempo con barra libre de sueros y un italiano bien clasificado, que iba muy ligero de mochila, todos los días iba a colocarse unos cuantos.

Anochece. Me duelen los hombros y mañana hay más de lo mismo. Más que hoy incluso.




viernes, 25 de abril de 2014

Marathon des Sables. Días -2 y -1.

Todo gran viaje comienza con lágrimas.
Por lo que dejamos atrás.
Por lo que deseamos encontrar.

Dejamos atrás el amor conocido
por buscar tesoros que no sabemos
si serán tan valiosos como la ausencia.

Pero acaso no los conseguí soñándolos
y partiendo en su búsqueda?
Busco riquezas en mi travesía
sé que dejo lo más valioso en el lecho.

Antes de que amanecer abandono la cama caliente, me he acostado poco antes. Hoy es el cumpleaños de la pequeña y lo celebramos ayer, eso y mil tareas hicieron que hasta pasada la medianoche no tuviera la versión definitiva de la mochila. Sobra decir que nunca entrené con ella, las últimas semanas estuvo lloviendo y no quise mojar el contenido, estuve entrenando con la versión beta, 6kgrs, que no me impedían hacer rodajes casi en tiempos de sinmochila. La de verdad pesaría 10.130grs, a los que sumaría dos bidones de 750ml...

Consejo para mi: en la próxima carrera en autosuficiencia entrena con el equipo de verdad. Y más veces.


Emoción al subirme al bus que me dejaría en la T4. Diría que el momento más emocionante de los que seguirían, hasta el momento. En el aeropuerto poco a poco se reúne el grupo peninsular, sudamericano y escandinavo que compartirá vuelo chárter a un precio que me pareció excesivo. Cuando lo planteé en el grupo de mail nadie quiso desmarcarse de la línea oficial y buscar métodos alternativos y más económicos para llegar a la salida. Otros años el vuelo iba incluido en el precio de la inscripción.

Consejo que seguí: mochila y equipamiento de carrera en cabina, por si acaso se desvía el equipaje. Pequeña maleta trotera para lo que se necesite los dos días antes y los dos después de Sables, teniendo en cuenta que tocará arrastrarla desde el autobús a la jaima y de ésta al checking por unos 300mts de polvo y pedruscos.

Mi mochila aparentemente es de las más pesadas, pero a lo mejor no van todas cargadas de manera oficial. Empieza el modo relacionespúblicas. De la bloguesfera conozco a Rafa, que me presenta más gente, con los que luego compartiré jaima. Hay gente que va solitaria y gente que ya va con los grupos hechos.

Vuelo que llega con adelanto, pero nos toca esperar al avión de los americanos. Tipos enormes que imagino más en deportes de contacto que penando por el desierto. Los peninsulares somos gente más enjuta que hace tiempo comiendo la bolsa que nos da la organización: selección de snacks franceses, hogaza de pan, lentejas y queso.

Traslado en convoy de autobuses hacia el primer campamento, se hace largo. Tocará arrastrar la maleta hasta la tienda asignada, estamos colocados por países, y éstos por afinidades idiomáticas.


147 tiendas para corredores y aparte una pequeña ciudad para las casi quinientas personas de la organización. El 80% de la energía eléctrica utilizada es suministrada por paneles solares. Hay lío al llegar al campamento, estamos lejos de cualquier núcleo habitado, somos una pequeña república de atletas/aventureros bien en mitad del desierto y dicen que aquí son dos horas menos que en la península aunque los gps digan que sólo llevamos una hora de retraso.

Las ocho personas que entramos en la jaima lo hacemos justito. Presentaciones. Los más de mil participantes parecemos muy distintos, pero tenemos mucho en común, la osadía de hacer esta carrera, los meses de entrenamiento y también hay que decirlo, cierto poder adquisitivo.

Las jaimas son como veis. Y una alfombra a su caer sobre el suelo. Recuérdalo si no quieres llevar esterilla, te tocará levantar la alfombra (si no está llena de las posesiones del resto de compañeros) y barrer los pedruscos, o aguantarte. Los palos pueden retirarse para impedir que entre el sol o el viento. Con el paso de los días se irán llenando de polvo y pinchos secos. 


Hay una presentación de la carrera y explicación del funcionamiento del bivouac. Hay danzas típicas y de pronto se caen las vestimentas blancas. Un equipo de rugby local nos invita al primer torneo de rugby sobre la arena que ocurrirá en unos meses y escinifica una haka. Estos dos días nos dan de comer, caliente y variado, aunque creo que el menú no llenaría las reservas de los veganos. El agua que nos dan es libre. Recomiendo tomar pastillas de sal ya estos primeros días, las meadas son frecuentes, poderosas y transparentes. Se mea porque se bebe, y me temo que con cada meada se van unos pocos electrolitos. La organización suministra bolsas biodegradables para las deposiciones, hay una especie de biombos triples distribuidos por fuera del perímetro del campamento donde meterse a llenarlas, se les hace un nudo y se depositan en un cubo de basura para ser posteriormente incineradas. A mi me encanta mingitar mirando al horizonte, y sobre todo a la bóveda celeste, que aquí se ve espléndida. Este es el primer año que las mujeres tienen un biombo propio para orinar sin ser vistas.

He leído los resultados de estudios sobre el peso y las calorías que llevan los top50, los franceses y los ingleses. Estos últimos son los que más calorías y peso llevan. Pero es falso. Cada participante rellena una declaración de honor donde recoge el material que lleva, el peso total y la distribución y suma de las calorías. Esto no se comprueba, salvo que optes a premio a simple vista tu mochila parezca ultraligera.

Cosas que vi las primeras noches en el campamento: colchones hinchables de camping que la primera mañana de carrera se desechan, igual que las sillas y ollas donde se cocinan sustanciosas cenas  regadas con alcoholes típicos de cada lugar de origen. Hay restos secos de plantas en los alrededores con los que alimentar grandes hogueras.

Los andaluces nos invitan a probar ricas especialidades de la tierra y eso sirve para conocernos un poco más entre los españoles. La verdad es que a lo largo de la carrera me relacionaré con poca gente, me sonarán casi la totalidad de los cincuenta y pico españoles, pero hablaré con menos de la mitad. Sobre todo estableceré vínculos con los componentes de la jaima 86 y con los más extrovertidos de las demás. Casi parece que los solitarios somos los menos, la gente va en grupos desde su lugar de origen.

Me llama la atención la cantidad de gente que corre por tal o cual enfermedad o proyecto. Lo veo loable si sirven como altavoz de situaciones a veces olvidadas, pero no entiendo los que buscan financiación para realizar aventuras particulares bajo el paraguas de una causa justa. Yo lo hago por mi. Por mi principal patrocinador, me sorprende la gente que echa cara y monta proyectos de crowdfunding tanto para ésta como para otras carreras. Si puedes ir y quieres, vete, pero hay cosas mucho más importantes en la vida y útiles para el resto de la humanidad  en la que gastar una cantidad indecente de dinero que recorrer 250km por el Sahara. Y también corro por mi más importante supporter (en el sentido amplio de la definición: soporte, apoyo, hincha, seguidorA..).

Y con estos mimbres llega la noche antes de las siete de la tarde. Nos acostamos aunque cuesta dormirse. Hay muchas cosas que comentar. Mañana empieza la aventura.


martes, 22 de abril de 2014

Marathon des Sables

el desierto sólo se muestra arrogante
hasta que encuentra a su dueño.
G. M. Tavares (adaptado)


Dicen que el Maratón de las Arenas es la carrera más dura sobre la faz de la tierra. Miles de atletas de todos los rincones acuden al desierto del Sahara a disputarla cada año, y van veintinueve, y muchos repiten.

El MdS es una de esas carreras que siempre he querido hacer en la vida, desde que la descubrí en revistas y programas de deportes espectaculares en la televisión, y necesité un buen empujón para dar el primer paso. En su día ya me pasó con el Ironman, y esta vez necesité una buena excusa para cambiar todo lo conocido por una carrera totalmente ajena a mi.

Escogí Sables y no otra carrera, alguno la llamará aventura, por lo que tiene de mítico y por la seguridad que me ofrecía una organización consolidada, que revierte bien el alto coste de la inscripción.


El MdS es una competición en autosuficiencia (la Organización sólo provee de agua limitada y la jaima para el reposo, amén de servicios médicos y de rescate si se necesitan) que recorre el desierto marroquí durante 250km distribuidos en seis etapas, con una jornada en la que se realizan más de ochenta kilómetros. Dicen que este año rondamos los 56º, aunque afortunadamente no tuvimos tormentas de arena ni nos llovió...

Para mí, triatleta de larga distancia, acostumbrado a entrenar en el medio conocido que me rodea: aguas controladas de piscina climatizada, carreteras con cobertura telefónica y caminos desde los que casi siempre veo señales de civilización; que aprovecho las comodidades de dormir en el hogar y alimentarme sin freno cuando lo necesito y que me gusta salir con lo mínimo, no dejaba de ser una aventura 
- completar en una semana el kilometraje que habitualmente realizo en un mes,  
- hacer por primera vez más de 44km de un tirón,  
- correr por terreno desconocido,
- trotar con una mochila con diez kilos a la espalda,
- gestionar la alimentación no sólo durante la carrera cronometrada sino después en un ultra por etapas,
- dormir casi a la intemperie en un saco después de más de veinte años reposando en colchón,
- convivir con siete desconocidos durante una semana,
- aguantar temperaturas elevadas sin tener una piscina o la playa cerca,
-...

así que la aventura no fueron esos siete días fuera de casa, empezó mucho antes, cuando empecé a formalizar la inscripción y a preparar todo lo necesario.  El hormigueo duró meses, haciendo preguntas, buscando consejos, comprando el material y entrenando de manera extraña y fue mucho más intenso que cuando puse en práctica todo lo aprendido y adquirido. La incertidumbre es la aventura. Sentí más emoción cuando de madrugada, con la mochila cargada en modo competición por primera vez me subí a un autobús de línea para llegar al aeropuerto que cuando crucé la última línea de meta.


Fui, corrí, anduve, vi y volví. Seis etapas en las que viví muchos estados de ánimo diferentes. 

Una primera etapa (34km) de contacto donde vi lo que había, donde me sentí extraño y donde cargué por primera vez con una mochila pesada que me hacía un daño tal que no me permitía correr ni cuando el terreno me daba permiso. 

Una segunda etapa (41km) que se me hizo larguísima, incapaz de correr por el dolor de hombros y la gran cantidad de arena en la que no supe ir más deprisa que un paso cada vez más lento, que hizo que la temperatura fuera más alta y el agua más escasa y en la que me planteé por primera vez mi situación allí y su sentido. 

Una tercera etapa (37'5km) donde, resignado, salí al trantrán, a sobrevivir, a llegar, a coger la medalla y a cerrar el capítulo. 

Una cuarta etapa (81'5km) en la que el día antes advertí que sería de relax, parando en cada control a descansar y comer en condiciones y en la que sin querer me vi corriendo de un tirón, incluso en la noche y con un frontal insuficiente, y haciendo top 100.

Una quinta etapa (42'2km) donde la suerte me favoreció, en la que fui liderando la prueba  durante casi una hora y que realicé casi en solitario (los 200 atletas más rápidos saldrían 90' después de que otros 800 y yo tomáramos la salida con la fresca), disfrutando tanto o más que el día anterior al sentir que las fuerzas me acompañaban y que hacía lo que había venido a hacer, rondando también el top 100.

Una sexta etapa (7'7km), no cronometrada, solidaria, de paripé, y que hice andando acompañando a otro amigo menos afortunado. Esta última manga sobró.

Al final, no es lo más importante aquí, pero en una competición no es lo de menos, quedé el 212 de más de mil participantes en una edición ni peor ni mejor que las anteriores pero en la que hubo el doble de abandonos que el año pasado.


Ha pasado una semana desde que regresé, las sensaciones están igual de asentadas que cuando vinieron. He completado una experiencia única, como tantas otras en número infinito, y he vuelto. Haberla superado me llena de satisfacción, pero nada más. He vivido otras situaciones que me han emocionado mucho más. No he tenido largos soliloquios interiores durante las etapas que se hacían infinitas, la deshidratación no me ha hecho ver zarzas ardientes que me revelaban secretos vitales ni vuelvo enamorado del desierto, aunque sí he descubierto capacidades en mi que antes desconocía.

Aquí he vertido mis primeras impresiones de la carrera, es mi intención realizar una serie de entradas sobre el MdS, tanto describiendo cómo me fue como recogiendo los detalles y consejos que un profano del ultra y el desierto como yo puede dar desde su corta y puntual experiencia y que a mi me hubiera gustado encontrar en las redes: material a llevar, cómo es aquello, etc. Espero que a muchos de ustedes les entretenga y que a alguno le resulte útil.

viernes, 4 de abril de 2014

"debe ser bonito ver amanecer en el desierto"

Tras semanas dándole vueltas, ya acostados, la voz que siempre me apoya pronunció las palabras que harían que me decidiese.

Han sido meses de entreno diferentes, pero lo que más cansa es pensar y anticipar qué va a suceder y qué voy a necesitar, en el deporte siempre hay un algo inesperado, pero hasta ahora siempre he sabido por dónde me iba a mover. 

Esta vez no.

Mi plan es ir, ver y volver. Disfrutándolo antes, durante y después. Mi intención es compartirlo todo con vosotros retomando este hábito perdido. 

Podéis mandarme mensajes contándome cómo va el mundo o recordándome que sigo existiendo en ese rincón vuestro dónde me leéis, os lo agradeceré mucho.

Mi dorsal es el 1151 y el enlace donde podéis escribirme y animarme es éste

jueves, 3 de abril de 2014

dos años

Hace dos años comenzaste tu camino y desde entonces no hay día que no me aúpes un poquito más.

Felicidades Å por estar y hacernos disfrutar cada momento al resto del equipo.