En la navidad de 1930, Santa Claus fue contratado por la Coca-Cola. Hasta entonces, no usaba uniforme, y prefería ropas azules o verdes. El dibujante Habdom Sundblom lo vistió con los colores de la empresa, rojo vivo con los ribetes blancos y le dio los rasgos que todos conocemos. El amigo de los niños lleva barba blanca, rie sin parar, viaja en trineo y es tan rechoncho que no se sabe cómo se las arregla para entrar por las chimeneas del mundo, cargado de regalos y un refresco en cada mano.
Tampoco se sabe que tiene que ver con Jesús.
Eduardo Galeano
Espejos
Ahora que el comercio se apropió de la navidad, y del día del padre, de la madre y de la mascota. Que el bautizo y la comunión se han convertido en ceremonias civiles. Ahora que los niños sueñan con ser mayores, y los mayores adolescentes, cualquier día es bueno para celebrar la nochevieja con amigos. Si es con patrocinio del güisqui segoviano que también patrocina a los ciclistas, mejor.
35.000 jóvenes, aunque el título fuera de noche universitaria. Hay quien dice que se fletó un avión con estudiantes italianos. Mucha menor vestida por sus padres, como diría el amigo Torrente. Miles de pelucas naranjas, muchas botellas y ríos de alcohol y orines que marcaban las calles cercanas al ágora salmantina. Sorprendente ver cómo la gente coreaba todas las canciones a pesar de que su aspecto hiciera suponer que por las mañanas renegaran de tales, ver a un chico de melena lacia, camiseta de motorhead y chupa de cuero que no combatía el frío por si sola diciéndole que "tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte" a una chica con manoletinas y falda tímida, que se escondía bajo el corto abrigo, era algo digno de ver.
No hay documento gráfico propio, con las prisas olvidamos móviles y cámara. Pero ya no hay hecho que no esté documentado. Seguro que ya hay miles de imágenes circulando en fotologs, myspace, facebook, tuenti, hi5 y demás. Incluso había varios reporteros de televisión. La foto que cuelgo es del Heraldo de Aragón.
Los municipales apenas daban abasto. Por un momento pensé qué pasaría si a toda esta gente le diera por solidarizarse con los jóvenes griegos igual que ha pasado en otras ciudades europeas. Uff. Prefiero imaginarlos manifestándose pacíficamente por el bien común.
Me es más fácil hablar con Baltasar. Por cierto, si me lees, te recuerdo que sigo con intención de estar en Kona en octubre.

Por la mañana, alguien debió pensar que la
Infanta Margarita, aunque de cobre por fuera era tierna por dentro y la embarcó en una limusina con grúa y matrícula extranjera. Apenas nos dio tiempo a despedirnos, pero quizás vuelva a ver a su madre un día de estos.