jueves, 22 de septiembre de 2011

el postre

Con un fin de semana soleado, en buena compañía, visitando la sierra salmantina, terraceando, avituallándonos de palabras en el Contenedordearte y satisfecho de mi segunda carrera por monte sin haberme resentido de las piernas, el postre fue oir mi nombre por megafonía diciéndome que era el tercer clasificado absoluto. En realidad fui el séptimo en la general, pero por estas tierras los mayores corren todos más que yo.

fui bueno, no forcé las piernas... tenía alas...

Así tras los 500 metros de desnivel positivo que había recorrido, aún me quedaba la ascensión más emocionante, el palmo que alzaba el cajón del tercer clasificado.

 a pesar de los pelos, ni tiré a nadie ni me tiraron

¡Mi primer podio!


Concejales, Miguel Ángel Heras, un par de fotógrafos y A., y gente aplaudiendo. Sensación extraña, pero emocionante.

 un soldado de asalto la guarda ante las miradas que la codician

Copa y lomo, prefiero lo segundo a la primera, aunque la primera quedará de testigo de este día.

lomo y lomo

Si sois rápidos estáis invitados.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

entre el dolor y la nada...

... escogería el dolor (Faulkner).

Tenía ganas de tirar para el monte, y por fechas, cercanía y distancia, la subida al Pico el Águila parecía la prueba ideal para matar el gusanillo, cada vez más grande.

Últimamente los ritmos no salen y viendo el perfil de la prueba y hablando con gente que la había hecho los años anteriores tenía cierta sensación de no estar en el sitio adecuado. Además, arrastraba molestias en la pierna izquierda que acabaron confirmándose ecográficamente como una pequeña rotura de sóleo.


Pero el fin de semana estaba libre, la casa rural reservada y habíamos liado a otra pareja a la aventura. Todos los consejos que escuchaba me recomendaban  reposo, había estado haciendo bici sin molestias, así que el reposo de carrera ya duraba cuatro días. Dado que daban 4horas para hacer la opción corta, el cross Béjar-Candelario me decidí por ésta, de lo malo, lo acabaría andando.


Entre el dolor y la nada, si el dolor permite seguir, se sigue. Cuando es el presagio de la nada entonces es mejor parar. Evaluar el cuerpo. Escucharlo y obrar en consecuencia. Afortunadamente no he vuelto a tener dolores como los que me hicieron parar un par de días.


Cuarenta y ocho tomamos la salida. Trotando no noto el hematoma que esconde mi gemelo. Decido tomármelo con calma, pero el barullo me confunde. Nada más empezar nos espera una rampa de 300mts. Hago la mitad corriendo como puedo, pero viendo que todos, menos Abe, compañero de Club, luego ganador con diferencia, andan, decido parar e ir a mi ritmo. Mis gemelos y cuádriceps parecían toneles que fueran a estallar, parecía que la ropa de compresión los contenía.


La prueba discurre por senderos estrechos, llenos de pedruscos y regatos secos. La gente se me escapa en las subidas y bajadas técnicas, pero en los escasos llanos y bajadas por sendero cazo alguno. A pesar de lo temprano de la hora de salida y la profusión de sombra que hay, voy caliente.


Llegamos a Candelario y rodamos calle principal abajo, el paisaje es bonito, pero apenas miro un par de metros por delante para no tropezar y algo más allá para intentar alcanzar a algún atleta que se resiste, pero intentando escuchar el cuerpo por si la lesión va a más.


Llegando a meta se me escapa el corredor que me precedía, pero aún quedan fuerzas para esprintar y mantener la posición. Estoy contento, con la situación que tenía de partida y no siendo muy ducho en cosas técnicas, he dado todo lo que tenía y por el momento parece que no me he lesionado, así que muy satisfecho.

lunes, 19 de septiembre de 2011

claves para parecer poeta

Lanzar libros desde la terraza de un 
décimo piso con la esperanza de verlos
volar como si fuesen palomas mensajeras
denota una bonita inclinación
por la poesía
y algo más.

Asistir a congregaciones
de poetas, a recitales y
lecturas de cualquier tipo,
sin importar el autor 
ni la calidad del catering.

Matricularse en cursos de 
perfeccionamiento de estilo,
coleccionar poemarios y
manuales de escritura.
Leer entrevistas
en profundidad de los autores.
de moda: Los mismos que promulgan
que "escribir es un acto íntimo" aunque
todo el mundo tenga acceso a su
intimidad leyendo lo que escriben.

Haber estado ingresado,
al menos un par de veces
en una institución mental
o llamarse Leopoldo.

O, sencillamente,
escribir algún poema
de vez en cuando.
Hugo Izarra
Gominolas para los patos
El brut de los corazones solitarios


Comprarse la cabra más cara o
los neumáticos más deslizantes
tunear el casco aero
y contar los radios de la rueda.

Poner gomas en vez de cordones,
y llevar el dorsal por debajo de la cadera
en ropa de lycra ajustada
de marcas americanas y australianas.

Usar unas gafas blancas con nombre
de tiburón
y un reloj que te mide la velocidad
la altitud y lo que dejaste de comer.

Estar subscrito a cien blogs
y otras tantas webs en inglés,
usar aparatos para medir las veces que ríes
y cambiarlos cada poco.

Puede valer.

Pero si quieres hacer triatlón
suele bastar
con salir fuera y disfrutar,
nada, corre o pedalea,
eso da igual.

variaciones para parecer triatleta

jueves, 15 de septiembre de 2011

la cabra tira al monte

Me gusta el triatlón, me gusta nadar, montar en bici y correr, y seguiré haciéndolo, supongo que puedo considerarme triatleta. Pero de un tiempo a esta parte quiero hacer más cosas. 

Una vez A. me pilló viendo un escaparate de una tienda de deportes, qué pasa, que ya tienes de todo y quieres ampliar mercado? La culpa la tienen los blogs y algunas amistades.

A pesar de que lo tengo lejos de casa, siento la llamada del monte. Si voy a hacer puertos a la sierra miro más allá de la línea de la carretera, descubro caminos que suben y bajan y me apetece recorrerlos ampliando la zancada, a pesar de que sé que ese placer probablemente en un principio me duraría menos que una buena salida en bici.



Y los pros del trail me parecen gente normal, así, de lejos, greñudos, enjutos, sin afeitar, con el material justo. También están los niños de papá de las marcas del sector. Pero en general me parecen gente corriente que hacen cosas extraordinarias. Cuando en el ambiente en que me muevo abundan los cuerpos aún más cuidados que el material que a la última que utilizan. Pero todo se pegará. Somos así.

No he llegado todavía, creo, y eso es lo que me gusta y me mantiene en la carretera, a darlo todo en el trideporte, pero quiero abarcar uno más. Así que cualquier día de estos dejo el asfalto, aunque esperaré, porque el camino que sigo ahora termina en Montt Tremblant, que es tri y monte además.

martes, 13 de septiembre de 2011

trucos bizarros


¿Quiere ser el centro de atención de cualquier fiesta?

¿Desea dejar sorprender a sus amistades?

¡No lo dude más! Este blog le enseñará cómo, explicándole paso a paso la realización de sorprendentes trucos.

Diga que tiene una reliquia escondida. Algo importante. Todo el mundo querrá saber qué oculta usted en la caja que lleva en la mano y usted captará su atención diciendo que lleva

el dedo de Mou


Cuando haya logrado atraer su mirada, un brusco movimiento del dedo y ¡el susto de su interlocutor  será morrocotudo! Olvídese las reuniones aburridas, ¡haga que los demás se echen el café encima!


Y no crea que necesita gastar mucho para la realización de este sorprendente ingenio. Ni mercromina, ni tomate, ni unas tijeras para agujerear la caja por debajo.

Usted sólo necesitará un anillo. Sí, ha leído usted bien, sólo necesita un anillo.


Colóquese un anillo cualquiera: de matrimonio, de campeón de la NBA, de su hermandad.. Cuélguese del aro de una canasta o una valla de las que rodean cualquier propiedad y déjese caer. El resultado que obtendrá será el mismo y no habrá gastado un céntimo.


 Este dedo de la momia no se moverá, pero con él conseguirá el mismo efecto y tendrá un recuerdo para toda su vida.

domingo, 11 de septiembre de 2011

hace 10 años

Creo que ya lo he superado y puedo hablar de ello,  hay quien dice que no, y que si algo me recuerda aquellos días se me eriza el vello.

Llamé a la puerta y le dije que pusiera la tele. Las imágenes se repetirían hasta la saciedad. Aquella comida se quedó allí muda, criando no malvas, sino hongos varios. El crujido del pan desmenuzado por el suelo delatarían a cualquiera que entrara en el salón.

Mi vida la he compartido, aparte de con mis padres, tres veces. Mi primera experiencia en un piso de estudiantes no fue mal; buen ambiente, compañero cocinillas y cinéfilo que nos trataba mejor que cualquier abuelita encantadora. Marcharon mis dos compañeros y me quedé el piso. Tras unos meses solo en los que por el piso pagaba el precio de la habitación, ahora no se puede alquilar, no han venido los nuevos, bla, bla, bla.. tuve que buscarme compañeros nuevos so pena de tener que abandonar el piso.

Parecían normales.

Pero no lo eran.

Al principio, cuando ponía una lavadora, sacaba sus cosas mientras se lavaban las mías y luego las dejaba como estaban, que es a lo que me enseñaron. Pronto descubrí que ponía dos lavadoras sin que el tambor de la lavadora cambiara de contenido. Lo mismo sucedía con la ropa tendida, aunque en este caso no la volvía a tender, la dejaba encima de una silla hasta que aprendiera a volver a su cuarto.

Mis cedés desaparecían para aparecer desmembrados por su habitación.

Una mañana el ruido no me dejaba estudiar. El soniquete continuo de una cinta  que se despega y vuelve a pegar durante más de una hora. Le pregunté por qué lo hacía, decía que era alérgico al polvo. Estaba plastificando el colchón con plástico de forrar libros y cinta marrón de embalar. Aquel aprendiz de médico no pensaba en el calor que daría dormir sobre un plástico, el ruido que metería, el efecto fuelle expansor de miasmas que tendría el colchón completamente forrado excepto en algunos puntos.. seguro que tenía eneuresis, porque no me creo que fuera alérgico a la vista de las pelusas y cenizas de pipa que pululaban por la  habitación.


Al principio nos juntábamos, si nos encontrábamos por el pasillo de tres metros, el baño o la cocina charlábamos, pero poco a poco empezamos a evitarnos.

Como en una película del oeste los matojos atravesaban las zonas comunes. Sobra decir que la comida quedó en el salón como en una representación de la fragilidad de la vida durante un par de semanas. Las migas, croûtons, creo que las recogería el siguiente inquilino. El mismo que debió colocarse un traje NBQ para limpiar ese baño, aún más sucio que el de los anuncios. Con cortinas pegajosas y un espejo donde hace tiempo que alguien dejó de contemplarse. Como la cocina. A pesar de que el otro los seguía usando.

Cuando aún todo parecía normal yo usaba mi propia cafetera italiana, muy mona, para una taza, así no tenía que estrenar la que nos había proporcionado la casera, que daba para invitar a nuestras vecinas de piso. A mi me gusta el café recién hecho, a él le daba igual. Una vez me dio por descubrir el contenido para observar como empezaban a nacer cercos en la superficie del café. Si hubiera tenido un móvil de los de ahora habría hecho seguimiento del crecimiento de esos hongos que procesados iban a curar la peste, el sida, la diarrea y la alopecia, pero cinco meses después, con tres dedos de longitud, abandoné aquel piso y no volví a saber de ningún descubrimiento fantástico. Por suerte me tocó en sorteo la balda superior de la nevera, porque el contenido de alguna de las otras chorreaba. Sin que nos diéramos cuenta el congelador empezó a llenarse de sus cosas sin dejar sitio para las nuestras. Compraba mucho porque así le salía más barato, y se lo dejaba pudrir, por increíble que parezca, hasta en la nevera. Era el único que usaba la cocina.


Volví de vacaciones un par de días antes para estudiar en soledad. La verdad es que mi habitación era cómoda, tenía despensa, una pequeña tv (eran los tiempos preadsl..) y el ambiente solía ser tranquilo, así que sumido en mi microcosmos no se estudiaba mal.

Otro compañero de piso tuvo la misma idea que yo. Volvió antes de tiempo. Nos saludamos y descubrimos que éramos buena gente. Que el loco era el otro y que ninguno de los dos estaba con él. Afortunadamente los dos habíamos conocido una chica con piso propio que nos alegraban la vida (la suya puerta con puerta con nuestra jungla vertedero, la mía más lejos), pero lo más importante, que nos dejaban usar su aseo, su cocina y su salón.

No he vuelto a ver a ninguno de las personas con las que compartí mi piso.

Todos los días despierto al lado de mi salvadora, y aún me abraza cuando recuerdo aquello.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

demons advisory, explicit content

Hay Demons buenos,



y demonios malos que dejan sus armas cargadas en cualquier sitio. Una caída tonta hace el resto.


por cierto, hoy publico en Demonfit!