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martes, 13 de noviembre de 2012

Los chicos también bailan

Era el before y parecía un after. Diluviando desde que corrimos del tren al autobús que nos lleva a la zona de salida. Me quito el pantalón largo, cambio la camiseta de manga larga por una sin mangas, recargo los bolsillos con un par de geles, miro el reloj y tengo 10’ para dejar la bolsa en el camión que la llevará a la meta. Una hora hasta la salida. Decido quedarme con el chubasquero.

Bajo la marquesina de la gasolinera cientos de atletas bailan, mirando hacia abajo los solitarios y abrazados los que forman parte de algún grupo, voces, una cámara que nos proyecta en dos grandes pantallas de vídeo, canciones, la música que anima a saltar y el cuerpo que busca generar calor tiritando. Muchas botellas de agua en una mano, mirada perdida y las payasadas habituales. Faltan los coches tuneados.

Bajo la lluvia danzando al frío espantando.

Chunda chunda.

Me aburro. Me voy a otro garito más tranquilo. El tejadillo de un pequeño kiosco más cercano a mi cajón de salida. Salen los valientes de las aerodinámicas sillas sin guardabarros, luego los patinadores y finalmente los pros (que pueden calentar con su ropa de abrigo hasta 10’ antes de su salida) y decido entrar a la presalida. No sé que droga u hormona causa este efecto, pero la gente que me rodea empieza a emular al increíble Hulk, gritan, beben agua, toquetean relojes nerviosos, empiezan a arrancarse los chubasqueros improvisados que portan y a tirar la ropa por encima de sus cabezas.

Salgo en la segunda tanda de los propulares, sin prisas, pero no tengo dinero, tengo frío (ocho húmedos grados, una hora esperando en camiseta de tirantes y chubasquero) y no hay otra manera de darme una ducha que tirar carretera adelante, así que empiezo a adelantar gente a montones.

Capucha y gafas de sol, pantalones cortos y medias de compresión.

Chunda chunda.

Me quito la capucha cuando la lluvia sirimirea. Soy fácil de encontrar, top R-Light rojo con la cremallera hasta arriba, corro feo pero parece que rápido. Buena compra, ligero, cabe en un bolsillo, no voy empapado, ni por el agua de fuera ni por la de mi transpiración, o lo normal, y además corta el viento que derribará más tarde el arco de meta. La manga tapa el gps (tiene ventana transparente en la izquierda, yo lo llevo en la derecha) pero lo miro cuando el beep me llama y no está mal lo que veo.

Subo y bajo, las mismas caras, los niños crecen, la fiesta de cada año.

Chunda chunda

Me gusta correr la Behobia. El año pasado hubo no sé cuántos deshidratados, no sé si esté habrá hipotermias. Pero nunca falta gente animando, habrá más, habrá menos, pero allí de donde vengo es infinito más. Una barbaridad.


Voy por sensaciones. Correr veloz pero cómodo. Contento. Tres semanas de entrenamiento en la temporada 2012-2013 y una sin correr, creo que habré hecho apenas cinco sesiones al aire libre en total. Mucho rodillo. Ayer salí a correr tras 9 días. Subir Miracruz, bajarlo, subir Miracruz y bajarlo. Para desentumecer, para medir la cuesta.

De noche y calándome. Por la acera y resbalándome.

Chunda, chunda.

Entramos en el puerto de Pasajes. Bajo la cremallera, sale un poquito el sol. Curva a derecha, curva a izquierda. Banda de música y empieza la subida a Miracruz. Decido apretar pero los cuádriceps ahora no van. Se manifiestan, tan calladito que había estado mi cuerpo y se rebela a falta de cuatro kilómetros. No voy a parar ni para quitarme el chubasquero.

Miro el reloj, brutal, mi mejor marca voy a igualar.

Chunda chunda.

Me dejo caer desde Miracruz a meta, intento apretar, pero el cuerpo no da más. Con la mano derecha llevo el chubasquero recogido, como cuando Geile iba a la escuela, pero en versión Godzilla. Los últimos dos kilómetros se hacen largos. Todo el paseo de la playa lleno de gente. Parece que no llueve. Atravieso arcos y arcos de publicidad, pero todavía no veo el que sostiene el reloj. Me dejo llevar. Me dejo llover.

Al final paso sobre la alfombra calado, en tirantes. Como buen vascoconsorte. Rápida recogida de bolsas con comida, medalla y paso por carpa de avituallamiento. Recojo la mochila y me voy a encontrarme con mis chicas. He llegado antes de tiempo. Contaba, como mucho, con hacer un par de minutos más que mi mejor vez de las 7 que llevo y tardar bastante más en alcanzar el punto de encuentro y no sólo no he tardado nada en llegar, sino que he batido mi mejor marca personal en un minuto en estos 20 km, 1h16'57".

Me dejan un móvil. Una llamada para comprobar que están a resguardo en el hotel. No han podido salir con la que caía. Por eso no hay fotos, dejé el móvil a cubierto y mi fotógrafa también.

Si lo busco, no lo encuentro. Me salen bien los noviembres.

domingo, 14 de noviembre de 2010

nervios

Este fin de semana se han mezclado nervios y lluvia. Hay muchas clases, no me gustan, pero nos hacen sentir vivos. Un par de semanas nervioso, cambiando los horarios y las actividades habituales. Pasando horas sentado en la sillla como hacía tiempo que no hacía, estudiando conceptos que no me motivaban. Porque una cosa es estudiar pensando en su aplicación posterior en tu trabajo y otra leyes y conceptos más abstractos.  Me volvieron a salir los granos de cuando era estudiante y me subía por las paredes por hacer cosas pero la ansiedad de dedicar todo el tiempo posible a lo importante me limitaba. Y por fin llegó el día.

Antes de una carrera das vueltas en la cama. La planificas, piensas el recorrido. Antes de un examen también, repasas conceptos y das la luz para afianzar los número cuando dudas al repetirlos en la cabeza. En ambos visitas más el baño de lo que es costumbre y tienes ganas de que empiece enseguida para acabarlo cuanto antes, o no.


El examen, contento. No lo hubiera realizado mejor aún teniendo los apuntes sobre la mesa. Preguntaron lo que no esperaba, incluso una ley aprobada hace apenas un mes. Y lo preguntaron como no lo esperaba. Nadie está contento, yo sí. Estudié como creía que debía hacerlo e hice el examen lo mejor que pude. Tengo la conciencia tranquila. Mucha gente abandonó a los 10'. No creo que sea un examen honesto ni que no haya habido filtraciones. Es más, la forma de evaluarnos no me parece justa, pero si ha habido ética y todo el mundo se ha enfrentado al examen en igualdad, no creo que lo haya hecho tan mal, no será de diez, pero sí de más de 5, y con aprobarlo podré incluir los méritos que serán el 60% de la puntuación total.

Después del examen, paz. Los demás, desasosiego, decepción , frustración.

Rumbo a Donosti. La buena temperatura parece desmentir todas las predicciones de lluvia para el día siguiente. Recogida de dorsales en el Kursaal. Feria y bolsa del corredor escueta, mucho francés y catalán. Muchas quejas, igual que en el foro de la propia carrera, pero nadie se pierde esta carrera. La gente no sabe lo que tiene, ni lo que quiere. A mi me encanta.

Este año me toca ir de pie en el tren. En apenas 4 metros cuadrados me encuentro a Manolo, que ha venido de Gran Canaria ex profeso para participar, y a Javier, asentado en BCN tras su periplo en la India. Si fuera el revisor del tren no sé cuántos más conocidos encontraría.

Toca entregar la bolsa en el guardarropa una hora antes de tomar la salida. Una bolsa de basura me protege de la incipiente lluvia. Tomo un café. Caliento. Estiro. Hago movilidad. Me acerco a mi cajón de salida y la música a todo volumen ya me hace vibrar. Dos grandes pantallas muestran a los patinadores tomar la salida. Entrevistan a populares, a saharahuis pidiendo apoyo para su causa. Me pongo una pegatina de SOS Sahara, pero dura poco, lamentablemente no veo entrar ninguna en meta.

Cuando queda poco más de media hora entro en el cajón de mi grupo. Con otros cuantos, me pongo a dar vueltas en círculo alrededor de la mediana. Poco a poco la vuelta es cada vez más corta y me quedo ya quieto cerca de la línea de salida, guardando el puesto. Suena Héroes del Silencio, la gente la canta. Nadie está quieto, revisan pulsómetros, cordones, medias. Empiezan a volar camisetas y chubasqueros por encima de las cabezas. Ahora atrona We'll rock you. Salen los pros y parte de los dorsales verdes. Los demás empezamos a caminar hacia la línea de salida donde está la alfombra que lee el chip. Me veo en la pantalla grande. Empiezan a contar hacia atrás. Toca en euskera. Lau, iru, bi, bat... aprieto start.

Salimos desbocados. Bolardos de plástico y mediana en mitad de la carretera. No estaban ahí hace dos años. La carretera es más estrecha que antes y no se puede ir por la acera. Cuatrocientos metros hasta que se puede ir medianamente agusto. Ha empezado a llover tímidamente. Pero la gente, la clave de esta carrera está ahí, tan fija como las cuestas a las que nos vamos a enfrentar.

Hoy cambio la forma de competir. Pruebo a correr por ritmos. Intento mantenerlos. Voy cómodo. Realmente van coincidiendo con los pulsos que antes me guiaban. Me acuerdo de la carrera y voy colocándome según sean las curvas. Voy contento. Jesús está conmigo. Coronando el kilómetro cuatro lo adelanto. Un hombre de casi cincuenta años. Con barba y corona de espinas. Va vestido con una corta tela blanca a modo de taparrabos y una pulsera en el tobillo sostiene el chip. Va sin camiseta. Y descalzo. Se lleva los ánimos de todo el mundo.


Mucho triatleta. Disimulado o evidente. Y se empieza a ver gente del mundo de los trails. Parece mentira, pero voy concentrado en la carrera y fijándome en la gente que me acompaña. Ellos van con zancada elegante,  sé que yo no, pero vamos al mismo ritmo. Cada vez empieza a llover más. Pero las cuestas siguen. Y la gente también. Con paraguas siguen animando. Aurrera, Oso ondo, gora, aupa. Si eres neska te animan más. Tengo sensación de ir rápido, pero sólo adelanto, apenas, en las cuestas. Tengo miedo de pasarme y quedarme. El pulso no se dispara, tengo sensación de poder dar más pero desconozco cuánto, así que me quedo conservador y empiezo a pensar en el tiempo final.

No sé por qué, pero  pensaba que en la última Behobia hace dos años mi marca era de 1h21'40". Esa era la marca a batir. Para ello debía llevar un ritmo de 4'/km, conseguido el año pasado, en carreras llanas, y secas.

Paso por el quinto kilómetro en 19'48". Justo y quedan las dos peores subidas. Por el ecuador de la prueba el crono marca 43'25". Quizás en las bajadas logre rascar algunos segundos si además consigo mantener el ritmo. Os invito a leer la crónica del 2008, porque con lluvia y adelantando gente, esta es un calco de la anterior. No cojo agua, pero no dejo de chocar manos si no me tengo que desviar del camino. Sólo miro hacia delante. Aprieto y los ritmos por kilómetro van bajando tímidamente.

Buena señal si no suben las cifras, lo bonito de esto es que no hay nada seguro y que cada logro hay que lucharlo, y continuo apretando los dientes. Decido conservar hasta la última bajada y darlo todo en los últimos dos kilómetros. Batir la marca anterior está ahí.

Llego al puerto de Pasajes en casi una hora. Quedan poco más de cinco kilómetros, voy fresco y empiezo a pasar más gente de lo habitual a pesar de que todos tienen buena planta. Tengo libertad al final y decido apretar. Sale bien. En llano alcanzo ritmos de serie. Curva a la izquierda. empieza ese kilómetro y pico de cuesta interminable y la gente no deja de animar. Alguno incluso me anima por mi nombre. Aprieto más los dientes y sólo me fijo en los cinco metros por delante, buscando el hueco por donde meterme. Creo que cada vez llueve más. Acabo de pisar un charco y la zapa derecha hace aguas. Pero sólo pienso en correr. cada vez más deprisa. Estoy aguantando.

Décimoquinto kilómetro en 1h3'9". Puedo bajar de 1h20'. Tengo que mantener el ritmo. Arzak marca la bajada. Se ve el mar. Voy a tope. Sé que puedo ir más rápido pero no sé ir más rápido. Hoy el percherón ha decidido ir a trote rápido. Cada vez es más difícil adelantar gente, se forma un pequeño grupito y me uno a ellos. Quizás un día Ale Martínez dedique una entrada a la mecáncia de fluidos referido a los atletas que adelantan  en carreras multitudinarias. Es curioso cómo avanzamos. Cada vez hay más densidad de atletas y la pista parece más estrecha. Último kilómetro. Varios arcos hinchables y en el último un reloj.

Sé que Ainhoa debía andar por aquí. Pero no la veo. Tampoco me fijo mucho porque sólo tengo una meta, la meta, cuánto antes mejor. Esprinto aún más, puedo. Me sale a 3'33" el último kilómetro para rebajar unos segundos la hora diecinueve.

Estoy muy contento. Paro el crono. Entrego el chip. Cojo un poco de fruta y voy corriendo al lugar donde he quedado con A. La espero 40'. No me ha visto pasar. No hay foto. Esperando me doy cuenta de que llueve de verdad, y hace fresco. No lo había sentido corriendo.

Me echo una carrera hasta el hotel. Un detalle que dejen usar la habitación para ducharse a los corredores. Coincido al subir en el ascensor con uno. Contamos las batallitas que dan de sí siete pisos. Al bajar en el ascensor coincido con otro triatleta. 


Al final ha quedado una crónica muy larga, pero ha sido una semana y una carrera muy intensa. A ver qué tal salió el examen. Ah, y la marca a batir no era 1h21', sino 1h23'07"...

El salmantino Rafael Iglesias batió a Chema Martínez, pero lamentablemente otro compañero y su familia no han acabado igual de bien. A 300mts de meta ha fallecido. Un abrazo a los suyos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

B/SS 9/11/2008

Basta con cargar con todo tipo de protección textil contra el clima adverso para que salga un tiempo espléndido, en este caso en una ciudad del Norte.

Así que hemos paseado, por el paseo y por la playa. Y hemos comido en una terracita mirando al mar mientras el Sol nos miraba a nosotros. Y hemos callejeado por ese barrio lleno de pintxos y gente. Y hemos ido de tiendas, para vestir el cuerpo y la mente. Saqueamos la FNAC, incluso cargamos con un ordenador que espero elimine las taquicardias que me provoca la lentitud del actual. Y hemos descubierto un hotelito, reservado un mes antes de la inscripción, muy bien situado, bien de precio y bien de instalaciones. Permitid que me guarde el secreto.

¿a qué huelen los libros sin abrir?

Ainhoa ha sacado preciosas fotos que podéis ver en su blog. Incluso se ha comprado otra minicámara para llevar siempre encima y que ningún instante se le escape.

Llevo cuatro años corriendo esta mítica prueba. Cuatro años con la tradición de comer en La Pasta Gansa y pintarrajear en sus manteles. Espero iniciar una nueva costumbre este año cenando la noche anterior en un japonés, porque el maki es de las cosas que hacen feliz a A. y en este caso las vistas al Kursaal y la situación en el paseo de Salamanca señalaban estupendas coincidencias.


el mar se rinde a los pies de A.

Este año la Behobia-San Sebastian cumplía 44 años. La feria del corredor inaguraba localización en el Kursaal y, entre otros, había stands de ropa Ironman. Cada vez se ven, o por lo menos reconozco, más triatletas en la línea de salida.

Desayuno en una pastelería-cafetería donde ofrecen 4 napolitanas de crema al precio de tres. Hay acentos de toda españa apurando sus cafés. Ojeo el periódico, las páginas centrales contienen decenas de anécdotas de la carrera.

Un tren azul, con salidas cada 15', traslada en sus vagones repletos a cientos de corredores que en el trayecto cuentan sus experiencias, aspiraciones y miran con recelo a los que llevan pegatinas para el guardarropa de colores que denotan salida en los puestos delanteros.


billete a la fama...


Al llegar a Behobia un autobús te recoge en la estación de tren y te lleva hasta la misma salida. Por el camino se ve una serpiente de atletas con sus mochilas y distintos hábitos con los que combatir el fresco de la mañana la media hora larga que toca esperar desde que cierra el camión que recoge la ropa hasta que dan la salida, escalonada por dorsales. Café caliente, música alta, gente muy animada, visto de lejos podría parecer una rave en los Monegros.

let's party


El primer año salì con dorsal blanco, igual que otros diez mil corredores. Parecida a una salida de natación donde todo el mundo sale a muerte y te tienes que abrir paso con los brazos. Los siguientes tres años he salido con dorsal verde, lo cual me aseguraba la salida a la vez y justo detrás que los amarillos, los pros y pro-pulares.

cola en los komunak

Cinq minutes, cinco minutos, bost minutu y decenas de camisetas viejas y gigantescas bolsas de basura vuelan por encima de nuestras cabezas. Quince minutos antes han salido los que corren sobre ruedas, que tardarán 15' que el mejor Chema Martínez, pero éste va sin casco aero ni ropa de lycra.

El recorrido es un continuo sube y baja flanqueado continuamente por público. No pasan 10mts sin que haya nadie animando (excepto en el puerto de Pasajes) y en ocasiones hay hasta triple fila. Reconozco algunos fieles de la carrera, como la heavy familia con la furgoneta con música rock a todo trapo y su largo mástil con Ikurriña y bandera pirata gritando aupas y ánimos mientras el padre ofrece gajos de naranja. Los simpatizantes de los presos siempre ocupan la misma curva antes de entrar en Pasaia. Seguro que hay muchos más, sobre todo niños que no paran de chocar tu mano soñando con correr algún día. Yo choqué todas las que pude y este año, por primera vez, me animaban por mi nombre.

La banda de música señala el inicio de la última subida, la peor, donde más gente anima, donde más se sufre, donde el premio es la ovación y la larga bajada a meta, en esa recta larguísima donde ya no ves la gente que te aplaude, sólo deseas atravesar el último arco, el que lleva el cronómetro.


Debía hacer 5km a ritmo medio, otros doce un poco más fuertes y los últimos a voluntad, por sensaciones. Difícil contenerse cuando tienes más de diecisesis mil personas detrás y a punto de salir te saludan triatletas canarios que conociste en tierras charras y volviste a encontrar en Holanda. Pero yo a mi ritmo, incluso cuando podía subir una marcha y me adelantan tres compañeros de mi club de atletismo. A mi ritmo a pesar de que por los lados te pase todo tipo de gente. Casi toda la carrera la hice con Nerea, a la postre novena clasificada. A veces ella iba por delante, otras por detrás, al final por detrás, siempre escoltada por su liebre. Esta vez yo iba sin afeitar, por lo que las palabras Aupa neska iban dirigidas a ella (a pesar de mi tamaño y peculiar forma de correr hay gente que me confunde...).




recuperar la mochila me llevó más de 30'...


Al final 1h23'07" (segundo mejor tiempo personal por kilómetro, rebajando mis tiempos más de 7'). Casi a un cuarto de hora del octavo clasificado, Miguel Angel Pinto, también salmantino. Entre ambos, entre esos 900 segundos, se han colado 865 corredores. Correr la Behobia ya es una alegría, pero haber mejorado mis marcas produce un subidón que aún me dura.



Ha sido un fin de semana de esos, que cuando se acaban, se van derechitos al cielo.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Agurrak Donostitik

Aquí estamos. Enfrente de la Concha. Llenando los pulmones de este aire que sólo se encuentra junto al mar y que nos dará energía hasta la próxima vez. Repaso de la atletomochila, mucho más escueta que la trimaleta, a pesar de estar engordada artificialmente intentando preveer la metereología del domingo, por si falta algo comprarlo mañana.

por su dorsal lo reconoceréis

Mañana turisteo diurno por la ciudad. Cafecito en la terraza de la Perla si el Sol nos regala su presencia y excursión a la Fnac. Incluso correré por el paseo, echando de menos las olas. El domingo prometo ser bueno, correré a los ritmos marcados y la lluvia no estropeará la fiesta.

neuk ere bai, yo también
quiero ser bueno