martes, 7 de junio de 2011

crónicas desde el otro lado. cap 4.1

paseando por Nevada, Utah, Arizona y California
capítulo 4. usos y costumbres.

San Francisco

Con Nueva York, Seattle, Boston, Nueva Orleans y  Chicago una de las ciudades que más ganas tenía de visitar. Dejamos el coche aparcado y puesto que venimos de patear parques nacionales nos recorremos la ciudad sin usar para nada el transporte público, una pena no montar en uno de los míticos tranvías. Caminar nos permite pasar de un barrio a otro simplemente cruzando la calle, el barrio italiano; el barrio chino; el de gente de color; el de gente menos recomendable; el de gente adinerada; el, menos atractivo, comercial y de negocios; el de los gays; el de los latinos; el de los punkies y antiguos hippies...


Nos alojamos cerca de los estudios Pixar y LucasFilms y del mítico puente, que es gratuito para caminantes, bicicletas y para los vehículos que abandonan la ciudad. Eso me permite entrenar a las siete la mañana y rodar pistas de tierra a la orilla del agua que a esas horas ya empiezan a llenarse de corredores, incluso con sus niños en silla. La tienda de recuerdos del puente es el lugar de encuentro de decenas de ciclistas, muchos grupos, llama la atención uno muy numeroso proeuropeo (bicicletas tope de gama del viejo contienente y ropa retro, sobre todo con reminiscencias italianas).


Curioso el contraste entre distintos barrios. Nos alejamos de la zona más plagada de turistas, los antiguos muelles, reconvertidos en zona comercial sin ningún interés.


 Saliendo del hotel, recto hacia la derecha, nuestra calle (Lombard) se estrecha en el famoso zigzag en cuesta.

En Union Square jugueteamos con las tabletas en la tienda de la manzana, se ríen de nosotros cuando pedimos una. Nos dicen que quizás lleguen esta noche, pero que para saberlo deberemos ponernos a la cola desde las tres de la mañana. No me lo explico. Todo el mundo tiene una y juguetea con él en cuanto se detiene.

Cuanto más caminamos por Market St más caminantes sin rumbo comienzan a aparecer. SF está lleno de homeless, pero esta zona parece el agujero del que salen.

Visitamos el barrio de Mision, donde los Franciscanos que dieron nombre a la ciudad construyeron su edificio más antiguo. Es el barrio donde habita la gente del sur de Río Bravo.

En el Castro, que ya vimos en Harvey Milk nos tomamos un café casi de verdad y nos fotografiamos en el cruce de las cuatro calles más gays del mundo gay. Hasta el banco luce la bandera del arcoiris en la puerta y el de seguridad parece de Village People. Tiendas de animales donde lucen camisetas de Dogs are the new kids o dibujos de familias donde un perro sustituye a un niño bajo el epígrafe de modern family.

 Castro con 28th, gayest four corners of the world
 
Paseamos por Haight, calle otrora cuna del verano del amor donde aún queda algo de aquel espíritu hippy, junto con nuevos punkies y otros alternativos. Nos hacen clientes preferentes de la tienda Kidrobot, y por unas horas no conseguimos un ejemplar firmado, aunque nos traemos más de uno de recuerdo, dos de ellos ya están agotados...

 los impresionantes restos que quedan de la fabulosa 
Exposición de 1915 con motivo del Canal de Panamá
Abundan las fixies y las singlespeed. Hay tiendas dedicadas a ellas. También la gente camina. Abundan las librerías y las cafeterías relajadas. Las tiendas de artesania y alguna de vinilos. La gente charla. Hay plantas en las ventanas. Las bicicletas y las zapatillas nos hacen mejores personas.

 en la Catedral hay un precioso altar laico de Keith Haring, 
y una copia del laberinto de la Catedral de Chartres, 
uno dentro y otro fuera.

 Tras apenas ver un par de familias por los estados del Sureste, atravesamos un barrio de gente de color donde las mujeres van con sombrero y arregladas de fiesta a la iglesia, donde la gente viste con ropa ancha con capucha y cadenas, donde famosos clubs de jazzs se suceden uno tras otro, donde ancianos con trajes de colores, relucientes zapatos y dientes de oro no dejan charlan con los paseantes.

 
Hay un centro comercial donde los japoneses pueden comprar los mismos productos que si estuvieran en Nipón. Me gusta más que el famoso barrio chino, donde las calles tienen nombre en dos idiomas, hasta los bancos tienen los letreros en chino, las calles parecen estrecharse y se vuelven bulliciosas. Parece un gueto. Puedes nacer y morir allí sin que el gobierno central sepa que existes ni aprender a decir más que yes, no y dollar. Si te sales de la calle principal turística los ancianos miran al infinito en tugurios sucios y vacíos.

 no me gustan los guetos

Coincidimos con la famosa carrera de Back to breakers donde las inscripciones se agotaron días antes de que me enterara de su existencia. Consiste en llevar un dorsal, decir que vas a correr 12km a las 7am y después, disfrazado ir de bar en bar de fiesta. Menudo ambientazo que había a las 11am.


 Promueven el reciclaje pero no veo mucha facilidad para conseguirlo. Hay una cadena de supermercados de comida orgánica. En los restaurantes que se precien les gusta presumir de utilizar ingredientes naturales, sin pesticidas, piensos ni otras cosas nocivas. Todos advierten de que la ingesta de carne poco hecha puede provocar enfermedades y que el exceso de grasa es malo para la salud.


 Igual que en Estocolmo nos tomamos un café Bianchi, en una tienda de la marca con el caracter retroitaliano que comenté antes, aquí no podíamos dejar de pasar por Rapha sin hacer lo propio. Vimos el final de una etapa del Giro e hicimos unas compras. Venden cedés con música española e italiana bajo los títulos de música de la Vuelta o música del Giro. Hasta el baño está decorado con imágenes ciclistas.

Si lleváis el neopreno podéis nadar enfrente del museo en el muelle 9. Allí se reunen los triatletas en las frías aguas para entrenar, muchos piensan en el triatlón de Alcatraz.

 55ºFarenheit, casi 13 Celsius... 
fuera de plano triatletas entrenando...
Ya veré otras ciudades y compararé. Es USA pero creo que es distinta, que tiene otro caracter. Me ha gustado cómo se vive en según que sitios, aunque una sanidad gratuita y pastillas gratis, entre otras reformas, sacaría de la gente a muchos sin hogar. Pero por fin he podido tomarme un espresso tamaño piccolo.


4 comentarios:

Emilio dijo...

Viajazo¡¡¡
PD: Estas entrenando???Luego vendras y te pondras a correr como una moto¡¡

Jonathan Martin dijo...

Si lo cuentas todo, cuando vayamos nada nos parecera nuevo ;-)

Santa dijo...

Pero aún sigues alli o como va esto que me he perdido ya!

SF... que ganas de pillar ese puente tengo yo!

davidiego dijo...

Emilio,
Entrené allí, pero ya llevo 3 semanas intentándolo por aquí...

Jony,
Hay muchísimas cosas que no cuento, las sensaciones son infinitas.

Santa,
Estoy ya por la península, intentando asentarme...