lunes, 15 de febrero de 2010

gente del Sur

Hace un par de siglos la Patagonia empezaba al sur de la desembocadura del Río de la Plata, más o menos donde se encuentra la actual Buenos Aires, por el paralelo 35, actualmente el límite, aunque sigue impreciso, ha retrocedido hasta la latitud 41ºS. Tierra del Fuego empieza al sur del 52ºS. Por allí ahora es verano, pero al estar todo el día fuera del hotel apenas íbamos menos abrigados que aquí. La cercanía de las montañas, del océano que cruzaba la tierra y de los vientos lo hacían necesario.



Aquí , por el paralelo 41ºN, intentamos prolongar el calor del hogar con múltiples capas que nos asemejan a Bibendum para intentar llevar nuestra vida normal, léase salir a correr por los prados y a rodar por las carreteras sin que se nos hiele la nariz en el intento. Y nos quejamos, de que la ropa se humedece, las gafas se empañan y los dedos se nos caen a pedazos.



Por aquellos lugares la gente llevaba una piel (guanaco, lobo marino) a modo de capa para cubrirse el cuerpo y otras más pequeñas para envolver los pies. Y nada más. No lo necesita. La lanza acaso. Más ropa le dificultaría la vida al mojarse yendo en canoa y no secándose nunca. Son tipos duros, han conseguido que la piel del cuerpo sea tan dura como la de su cara.




Ya hablé en otra entrada de los Patagones o Tehuelches (gente bravía) que habitaba por esas tierras, digo habitaba, porque las enfermedades y los colonos acabaron con ellos, apenas sobreviven en nuestros días, unos pocos mestizos y una única mujer, ya anciana, de padres yaganes. Darwin los describió como la forma de vida humana más baja que existe sobre la Tierra y sin embargo estaban mejor adaptados que los civilizados que los diezmaron después. Yaganes y Onas (los hombres del norte, autodenominados Selk'nam: los que son iguales). Unos y otros celebraban feroces ritos de iniciación.



Los Ona celebraban el Hain. En un mágico principio, Sol, Luna, Mar, Lluvia, Tempestad, Viento... habitaban la tierra. Las mujeres dominaban a los hombres, las primeras cazaban, pescaban, iban en barca; los otros cocinaban, cuidaban a los niños, recolectaban los frutos de la naturaleza. Cuando una mujer entraba en la edad adulta se celebraba el Hain, que también da nombre a una choza cónica donde se celebraba esta ceremonia. Allí, algunas mujeres disfrazadas como espíritus iniciaban a las jóvenes. Los hombres tenían prohibido accercarse al hain.



Hasta que un día cuatro hombres descubrieron el secreto. Los espíritus no concedían el poder a las mujeres, sino que eran éstas las que se disfrazaban de espíritus poderosos. Se lo contaron a todos los demás hombres y todos acabaron con las mujeres, incluidas sus esposas e hijas. Sol, lleno de ira, arrojó a Luna al fuego, que huyó al cielo con la cara quemada. Desde entonces el Sol persigue a la Luna todos los días sin darle caza y la Luna, que odia a los hombres, muestra su cara manchada. Luna fue la única mujer que consiguió salvarse. Sólo respetaron a las niñas pequeñas que no conocían aún el secreto.



Después de esto, los hombres, niños y niñas partieron a los confines del mundo a llorar a las mujeres, esposas y madres, perdidas. Se fueron al Este, más allá de los mares. Cuando las niñas se convirtieron en mujer volvieron a su tierra y crearon el Hain masculino para perpetuar su poder. Por esta época crearon al ser humano a partir de un terrón de tierra y llegó la Muerte desde el Norte. Como este pueblo era inmortal, abandonaron el mundo. Los poderosos se convirtieron en el Sol, las estrellas, planetas, el Viento, la Nieve, el Mar... los más humildes se convirtieron el lagunas, animales, peces, aves... y sólo quedó el hombre, que siguió pintando su cuerpo y cubriendo su rostro con máscaras para celebrar el Hain simulando espíritus, asustando a las mujeres y estableciendo su dominio sobre éstas.


Durante el Hain, los espíritus torturarían a los kloketen (o jóvenes) que debían pintarse todo el cuerpo con líneas blancas y salir en una cacería que duraría tres o cuatro días. Se les enseñaba a defenderse de la nieve, a seguir rastros de animales, el uso del arco y se les infundía valentía y coraje. En esta ceremonía se realizaban danzas rituales para calmar a los espíritus o atraer el buen tiempo, incluso había una danza que imitaba el salto de los pingüinos al mar.


Siglos después Fitz Roy llegaría a estas tierras y se llevaría a James Button y otros tres habitantes de la Tierra del Fuego a Inglaterra, pero eso ya es otra historia, como quizás la que aquí os he contado, perdonadme si lo he mezclado todo.

6 comentarios:

Emilio dijo...

Cuando he visto lo de gente del sur crei que nos habias dedicado una entradiata a los andalussseess¡¡¡ Las mujeres siempre pensando eh?, un saludo krak

Furacán dijo...

Interesante post didáctico divulgativo :-)

Mildolores dijo...

Pues muy bien mezclado y muy interesante. Gracias Doc.

davidiego dijo...

emilio,
la gente del Norte, islandeses, dejan los cochecitos de los niños en la calle por la noche...

furacán y mildo,
algo nos contaron, otro poco leí y a la hora de escribirlo busqué y me junté con demasiada información.

Ramón Doval dijo...

Interesante, pero qué gente más mala, doc.

davidiego dijo...

los hombres en general o los onas en particular?