lunes, 25 de agosto de 2008

vergüenza

Entre todos la mataron y ella sola se murió.

Trabajo para el Sacyl, uno de los diecisiete sistemas de salud pública de este Estado. Supongo que el resto funcionará parecido.
El caso es que a las horas en que mi indignación se transforma en estas letras recibo a una paciente, nueva residente del Este europeo recién asimilado, remitida por un compañero que trabaja en un PAC (Punto de Atención Continuada) donde en un escueto informe indica que está embarazada, que está borracha y que dado su estado la deriva a un nivel superior.
No hay exploración física, no hay interrogatorio al paciente sobre sus antecedentes y motivo de consulta, para qué, ya se encargarán en el Hospital de hacerlo todo.
Esta paciente viene en ambulancia. Ambulancia pública. Ambulancia que conduce un conductor acompañado por un técnico que a estas horas podían estar descansando para conducir veloces, desde cien kilómetros de distancia por carreteras secundarias, hasta la capital trasladando algo importante, cualquier cosa que vosotros consideréis importante. Sobra decir que durante el viaje de venida al hospital de referencia y el de vuelta a la base, su zona queda desprotegida.
Soy el penúltimo eslabón de esta cadena. Si lo estimo oportuno solicito el concurso de otro especialista.
Como profesionales que somos la recibimos, la constanteamos (glucemia, tensión, frecuencia cardíaca, pulsioximetría) y la interrogo, la exploro y solicito un test de embarazo.
No está embarazada. Ha bebido pero no está borracha, o por lo menos no está intoxicada de tal modo que precise atención hospitalaria. No hay patología, no más que su condición de indeseable en esa pedanía de la frontera.
Cualquiera puede echar hijos a este mundo y que el agua de lluvia los haga crecer fuertes decía A. Cualquiera puede llamar al uno-uno-dos y que le pongan un taxi hasta el hospital más cercano. Yo los veré a todos. Y los devolveré a su punto de origen si no precisan ingreso, claro está en ambulancia, que es como llegaron. Aunque no tengan nada, aunque tengan todo el dinero del mundo. "Porque yo tengo derecho" y porque a estas alturas sé que discutir no sirve para nada, que al final siempre hay alguien más alto que para zanjar el problema firma la ambulancia.
A esta chica la dejaré dormir hasta mañana. No pienso molestar a nadie para que la devuelva al pueblo donde no la quieren.
Todo cuesta. Todo suma. De estas mil.
A ver dónde acabamos.

4 comentarios:

Lucano dijo...

Mientras recibías a esa paciente, unos metros más allá veíamos a otra, también remitida desde muchos kilómetros de distancia, pero ella vino en taxi, y sin papeles del médico, que le dijo que "su rodilla hablaría por sí sola". A mí me pareció bastante poco elocuente. Las historias de cada madrugada: de estas, mil.

Ramón Doval dijo...

Lo triste es que una persona grave, que también tenga sus derechos, tendrá que esperar hasta que terminéis con la sinvergüenza, o la hipocondriaca. Luego todo se arregla subiendo los impuestos. Cuando falla el primer nivel, falla todo.
¡Animo y suerte!

misstake dijo...

Lo peor de todo es que inviertes un montón de tiempo explicándoles lo innecesario que es su traslado a casa en una ambulancia... para que luego desde su casa lo manden al hospital en ambulancia por una conjuntivitis...
El esfuerzo de algunos no sirve de mucho.

Nacho Cembellín dijo...

Mi periplo claviculero, el cual aun no ha terminado, ha tenido de todo, atención inicial por el SAMUR sobresaliente, atención correcta y fria en la Paz, y un poco cansado de que mis medicos de cabecera, estamos en vacaciones y me han visto tres distintos, no me miren ni a la cara y hagan juicios variopintos. Aunque lo peor es la burocracia del sistema, lentl se qa a mas no poder.

En el hospital se quejaron de que los medicos de atención primaria saturaban las urgencias y yo q este año despues de muchos años sin ir he tenido q padecerlas doy fe de ello.