sábado, 30 de agosto de 2008

noticias desde Holanda

Capítulo primero. On the road.
Salimos de Salamanca a las dos y media de la madrugada, no nos encontramos a nadie por el camino. Luchamos para no caer dormidos, afortunadamente la conductora aguanta el tipo, aunque a duras penas, se salta el parking de larga estancia y acabamos en el silo D planta 1 plaza 414 de la T4. Facturamos sin problemas aunque me toca facturar la maleta de la bici como equipaje especial. Por el aeropuerto sólo anda la gente de nuestro vuelo, y somos pocos, porque el avión va por la mitad. Casi vemos amanecer desde el avión y llegamos con 20' de adelanto...
Capítulo segundo. Las prisas.
En la cinta de equipajes veo más triatletas. Curiosamente veo cinco mochilas del IM de Zurich de distinta anualidad, una de ellas la mía. Hay más triatletas del Estado, coincidimos los vuelos de Barcelona y Sevilla, todos con la ropa de la "selección". Poco a poco van saliendo las bicis por la cinta de equipajes especiales, todas menos las de mi vuelo...
Perdemos más de una hora esperando que salga mi maleta por la cinta número siete. Protestamos. Nos dicen que está a punto de salir. No sale. Protestamos. Atienden simpáticamente nuestra queja. Dejamos la dirección del hotel y nos vamos.
Llegada al hotel, ducha y salida en busca de comida. Desde el capítulo uno sólo llevamos un café, un colacao y una napolitana como combustible. Me separo de A. y su hermana y voy de caza solo. Tengo dos horas para comer, coger el tren y llegar a Almere que no sé dónde está. En doce minutos devoro una pizza proscciuto y penne a la carbonara. Dejo al camarero flipado y me largo a la estación de tren. Cola para preguntar en que estación me tengo que bajar. Cojo el tren por dos minutos. El siguiente saldrá en veinte. Otros tantos minutos de viaje y al llegar pregunto por ''Almere Haven, Javen, Aven, Afen.." de alguna manera debo decirlo bien porque me indican el autobus número 1 que tarda más de diez minutos por una calle especial para autobuses para llegar a Almere Haven Centrum. Quedan 10' para que cierren la entrega de dorsales. Tras volver a preguntar llego sin problemas.
Capítulo tres. La simpatía.
Lo que yo creía que era una coqueta ciudad dormitorio al lado de Amsterdam, Almere, es una ciudad que tendrá 25 primaveras y 200.000 habitantes cuya construcción más alta tiene dos pisos y que posee extensos parques e incluso un lago. Resultado, es enorme.
Nunca he preguntado más en mi vida y la gente se ha portado como nunca. Muy amables, incluso una chica que paseaba a su hija menor debió verme con cara perdido y ella se ofreción a guiarme, entrando incluso en una librería a por un mapa donde me indicó el itinerario.
Capítulo cuatro. Uff.
Vuelvo a Amsterdam y turisteo con las chicas que ya se han recorrido media ciudad. Cenamos y a las diez Morfeo nos ha herido de gravedad. Llegamos al hotel y allí nos espera mi querida cervelita.
Capítulo cinco. A correr.
Me despierto a las diez. Cierran boxes en dos horas. A pesar del desayuno tan estupendo del hotel engullo lo que puedo y monto la bici deprisa y corriendo, le doy aire en la tienda de alquiler de debajo del hotel y lo que falte lo ajustaré en el tren. El primer intento se escapa delante de mis narices. Pero haciendo tiempo encuentro otro que hace parada en mi destino. La verdad es que entre tanto nombre de cerveza (Amstel, Kronenburg..) no es fácil orientarse. Acabo de montar la tija y el manillar cuando llega el revisor. Me dice que la bici paga suplemento. Le pregunto que cuando es la multa, la bici 6€ y la multa noséquéfaiv, hago ademán de sacar la cartera pero me dice que para la próxima saque el billete.
11:40. He llegado a Almere, pero no tengo idea de por dónde se va a la zona de carrera. Pregunto. Vuelvo a preguntar. Voy por el carril bici como Luke Skywalker con la motojet cazando soldados del imperio. El cuenta marca seis kilómetros y llego a un cruce que me suena de haber pasado con el bus. Pregunto a dos chicas que me aconsejan coger el autobús (sobra decir que por la calle bus sólo van autobuses) pero que desconocen si se puede subir la bici en él. Muy amables suplican a la conductora que finalmente me deja subir en la parte de atrás. Dice minutos de recorrido y son las 12:30 cuando llego a boxes. El destino quiere que sólo vea gente con la camiseta roja de mi equipo por allí. Así es el spanish team, siempre tarde y metiendo ruido. Afortunadamente me dejan entrar con una sonrisa y me recomiendan que el domingo me de más prisa. Qué diferencia con aquellos jueces vascos que cerraron boxes cuando estaba a cinco metros de ellos quince minutos antes de que empezara la carrera.
Son canarios (Manolo Pérez, Sergio y Aarón) que llegaron ayer y han tenido que volver hoy al aeropuerto a por la bici. También a Iván Tejero le llegó la bici un día después. Sanos y salvos nos vamos a la zona de la natación donde nos encontramos al resto de la expedición y aplaudimos a los primeros de triatlón distancia 3.8-180-42'195 que se disputa un día antes del Cto del Mundo.
Epílogo. La infraestructura.
Al revés de lo acostumbrado en otras carreras apenas dan nada al recoger el dorsal. Los dorsales, los imperdibles, un gorro sin numerar ni publicidad, el chip, la pulsera identificadora de triatleta que te deja subir gratis en el autobús y una revista con unos mapas que ni los locales entienden. El viernes hubo un desfile de naciones que según me han contado estuvo bastante bien. El día de la entrega de premios cantará un imitador de Robbie Williams. Por la calle y en la lista de inscritos brillan por su presencia los norteamericanos. Se nada en agua dulce, saliendo de una playa y se llega a un puerto debiendo subir escaleras y correr doscientos metros para llegar a una T1 de cesped como las de antes, sin tienda para cambiarse y con unas 1200 cajas de plástico para dejar las cosas al lado de vallas de obra que sujetan las bicis como pueden (la mía de las manetas de freno de carbono...). Muchos voluntarios y militares ayudando. Dos toldos ofrecen productos triatléticos a precios holandeses, superiores a los nuestros. Parece bien organizado pero se echa un poco de menos la superestructura IM, al ser ésta una ciudad tan extensa no he visto mucho triatleta por la calle y en Amsterdam menos.
He quedado dentro de siete horas con los canarios para salir hacia boxes.
Ya os contaré.
Gracias por los ánimos.
No hay fotos porque los ordenadores del hotel no tienen lector de tarjetas, así que en vez de cuatro fotos os he puesto cuatro mil palabras.

3 comentarios:

davidiego dijo...

Talin: objetivo sonreir 15'después de entrar en meta. Al llegar a meta siempre sonrío pero si las sensaciones no han sido buenas enseguida se esfuma y pensamos en la siguiente, si se mantiene a los 15'es que no ha estado mal.
La de mi primer LZ me duró más de un mes...

Jonathan Martin dijo...

Vamos máquina, esperamos alguna noticia, no encuentro nada de nada por internet. Disfruta y si tienes tiempo, pasate por Rotterdam. Te gustará.

Ramón Doval dijo...

Ya me has puesto nerviosos con los preliminares. Acabo de leer el siguiente post, campeón.