La Navidad. Comer, beber, amar. Tal vez mejor comprar.

quedan ustedes avisados
IntroducciónVamos a llevar el Estado laico a las últimas consecuencias. Suprimamos la Navidad. Si echamos un vistazo al calendario las fiestas están mal repartidas. Pongamos el ejemplo de la la Sanidad de esta comunidad: 6, 8, 24, 25 y 31 de diciembre, 1 y 6 de enero no son laborables. El sistema se para, aunque eso no quiere decir que yo no trabaje. En febrero no hay fiesta, ni en septiembre, ni en julio. Alguna fiestecilla local hay por ahí colocada, también con raíces cristianas.

venite adoremus Dominum
No quiero entrar a discutir mis convicciones ideológicas o religiosas, pues nada tiene que ver la religiosidad, entendida como cada uno quiera, con que haya fiestas católicas institucionalizadas que todos adoptan como propias sin importar su credo o afiliación.
Ya hablé en otra entrada de que Papá Noël es un invento de este siglo, que originariamente verdiblanco fue transfigurado en su iconografía actual por obra y gracia del refresco global. La Navidad (dejando aparte que sea la asimilación de fiestas precristianas que festejaban el solsticio de invierno) celebra la natividad de Jesús. ¿Qué pinta el barrigón en el Portal de Belén? ¿Acaso los regalos se justifican con la costumbre iniciada por los Reyes Magos? Los cristianos celebran la alegría del nacimiento de Dios hecho hombre. ¿Dónde comenzó esto a degenerar en la orgía consumista que es ahora?
Capítulo I. Comprar Somos seres consumistas. Desde nuestra época depredadora-recolectora. El deporte de estas fiestas consiste en pasear arriba y abajo cargados de bolsas, a ser posible de las tiendas más chic de la ciudad (siempre se pueden sacar las bolsas reservadas del año pasado y meter ahí la compra de la carnicería). Es "sufrir" pensando en el amigo invisible. Es pensar con qué obsequiar a nuestros seres queridos, a veces no tanto, pero unidos por eso que se dan en llamar lazos familiares. Es hacer equis en los catálogos de juguetes, para niños y no tan niños. Es tratar de desgastar la tarjeta de crédito a base de afilarla en el datáfono. ¿Por qué ahora nos da por comprar? Si "necesito" un gps de muñeca me lo compro y listo, o es que ahora con la niebla y la nieve lo voy a aprovechar más, ¿están las ruedas de perfil más baratas ahora? ¿De repente acabamos todos simultáneamente nuestras lecturas o nos aburrimos del cd que llevamos meses escuchado? ¿Por estas fechas se acaba el buen olor natural y es preciso recurrir a aceites y aromas que lo renueven? Cuántas frustraciones pueden nacer de no encontrar lo "nuestro" en el zapato o debajo del árbol. Felicidades, deseos cumplidos, que se olvidarán en unos días, semanas, no más.

hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás...
Compramos perfumes como quien compra billetes para la vida que le gustaría llevar. ¿Quieres ser un nadador atlético de pelito largo y mirada cautivadora? nada como el perfume de la marca de puros. ¿quieres ser vivaracha, colorista y optimista? pues el perfume de la esposa del dueño del periódico de la oposición. Como véis no voy a hacer publicidad, que nada saco de este blog. En mi casa hay varios frascos de perfume, todos femeninos. Los más fieles sabéis ya el olor que me gusta. Además me parece indecente, igual que muchos otros achiperres que tengo, el precio de estas gotas de felicidad.
Capítulo II. La familia.
Junto con las compras lo más importante es la familia. La familia es tan grande como uno desea, lo malo es cuando hay familia que desea que tú formes parte de ella. ¿Por qué hay obligación de sentarme en la mesa con extraños? Si los añorara, ya hubiera buscado yo una fecha que significara algo para reunirme con ellos. No hay mayor acto de amor que asistir a las celebraciones de tu familia política. Hay muchas discusiones por esta época. Hablar, mentir, criticar, callar, saltar, agredir, romper. Gente que se deprime porque llegan estas fechas y está sola, ¿acaso no lo están el resto del año? ¿acaso vamos a sentar a
Plácido a nuestra mesa en vez de, como mucho, llamar al uno-uno-dos para que el Estado se haga cargo de él?
a más público más espectáculo
A veces la familia se extiende a los compañeros de trabajo. Pero por lo menos es gente a la que puede que quieras ver fuera de su ambiente habitual, vestida de persona, sin corsés. Por lo menos no es una cena como tal de navidad obligatoria, sino que es una más en la lista de reuniones gastronómicas periódicas.
Capítulo III. Gargantúa y Pantagruel.
Comida, comer, comer, comer. Cuanto más mejor, cuánto más caro y raro mejor. ¿Tiene algún sentido? Ingerir en apenas 10días las necesidades calóricas de los próximos dos meses. El ancestral sentido de presumir no es exclusivo de los triatletas, sino de todo ser. Si te gusta el Besugo disfrútalo en la intimidad con tu pareja en mayo, no te quejes delante de todos de lo que te costó conseguirlo tres días antes de Navidad. Beber, para celebrar la navidad, cualquier cosa. Barra libre que hay que amortizar. Una noche institucionalizada, como otras tantas celebraciones para consumir la única droga cuyo síndrome de abstinencia es mortal. Cuyas consecuencias nadie pondera en su justa medida. Podría crear un fotoblog, mecagoenelalcohol.com, y colgar las fotos de los afectados en estas noches. Propongo el
rap yo bobo con alcohol, bobo yo, no controlo, poto, no cojo, no corono rollos con bombos, troncos hepáticos, frenopáticos..
¿existe alguien ahí fuera que se coma la fruta confitada del Roscón?
¿qué eres capaz de hacer por pillar la sorpresa?
Capítulo IV. I love you.
Buenos deseos. De repente tol mundo es güeno. Todo el mundo te desea lo mejor. Te manda felicitaciones. Se ofenden si no reciben una llamada o postal. Ahora con el mail nadie se queda sin su felicitación, aséptica, impersonal y neutral. Yo también envío mis mejores deseos cuando me acuerdo, lo haría todo el año, pero en abril, si no tienes examen, carrera, o cualquier otro acontecimiento suena cursi, ¿o no?

poseída por el espíritu de la navidad en los grandes almacenes
Epílogo
Así que propongo que las fiestas se repartan a lo largo del año. O ya que tendemos a la multiculturalidad y a la apertura de horarios que cada cual se las coja cuando mejor le convengan. A unos les gustará ir a esquiar, a otros al ironmán, otros querrán ir a ver a sus padres, otros a recorrer el pueblo de su infancia y alguno querrá hacer limpieza del trastero. Que comas lo que quieras cuando quieras, con quien quieras, que regales y ames cuando te apetezca. Que cuides del que lo necesite y te acuerdes del que te echa de menos en cualquier momento y no sólo cuando suena esa musiquilla de fondo.
Así no habría estos rígidos convencionalismos sin sentido. Obligación de regalar aunque ni te apetezca ni se lo merezca. Gran invento los "días de", como me olvido de ti el resto del año se encarga la tele un mes antes de recordarme que te regale algo para demostrarte cuánto te quiero. Los regalos de verdad, los que significan que me acuerdo de ti en ese momento, los compro cuando los veo o están de oferta. La experiencia me hace guardarlos hasta una fecha señalada, algo me dice que se agradecen más y sale más económico.
Yo te quiero, y lo hago cada día. Otra cosa es mi caracter a veces no te lo haga ver cada momento. Pero por qué tienen que obligarnos a que los verdaderos sentimientos sean en unas determinadas fechas. Yo no me siento poseído del espíritu navideño. Ni por el del día de la madre, ni el del padre, ni bodas, bautizos y comuniones.
¿por qué fingir, derrochar, empacharse, emborracharse?

bienvenidos a mi casa
Pero me gustan estos días porque pongo luces en el balcón, y porque sale la cabalgata, porque los amigos te llaman y te cuentan cosas, porque me gusta ver a las familias visitando los belenes o los árboles y escaparates iluminados, porque me gusta la mirada y la sonrisa de los niños y porque me gusta verlos el día veinticinco o el seis estrenando sus juguetes (aunque cada vez menos, porque los de ahora se enchufan, los niños, no los juguetes) pero ¿qué tiene esto de aquello que llamábamos navidad?
Seguiré como el Barón Rampante, subido en el árbol negándome a comer caracoles, hasta que alguien se suba a mis hombros y me haga bajar, porque su mirada sea distinta, espero.
Para acabar una perla que escuché esta mañana en la radio. La periodista visita a una niña de siete años que estrena hígado transplantado y pasa estas fechas en un hospital.
- Qué le has pedido a Papá Nöel?
La niña desgrana una lista que se me antoja interminable de muñecos cuyos nombres desconozco con sus correspondientes accesorios, algo de ropa y...
- Unos pendientes de Tús.

¿Ya no quedan niños como los de antes?