viernes, 16 de mayo de 2014

Marathon des Sables. Etapa 5. La última cronometrada

De las miles de experiencias que tenemos, sólo conseguimos
 expresar con el lenguaje, a lo sumo una, y aún así, ésa,
 la expresamos de un modo fortuito y sin el cuidado que merecería. Entre todas las experiencias mudas, permanecen ocultas aquellas que, sin darnos cuenta, han otorgado a nuestra vida su forma, su tonalidad y su melodía.
Pascal Mercier


Hoy los doscientos más rápidos salen hora y media después. Así que sin pecar de chulería me coloco en primera línea de salida, a las 7am, dos horas antes de lo habitual. Apenas ha dado tiempo a hacer las rutinas diarias cuando ya estoy esperando el pistoletazo de salida. Con las prisas no encuentro una de las cintas que sujetan el saco a la parte inferior de la mochila, pero es el penúltimo día, el saco cabe dentro de la mochila. La gente sale espantada, pero en trescientos metros me coloco en cabeza y durante diez kilómetros voy liderando la prueba. No hay pérdida. La pista es fácil y continuamente pasan todoterrenos que me animan. No miro atrás, no quiero convertir mis piernas en estatuas de sal. Quiero disfrutar del momento. El horizonte es mío, nada se interpone entre él y yo. Sólo existimos ambos. Yo corro, y él se acerca.

Poco antes del CP1 me pasa un atleta que nadie diría que lleva 200km en las piernas, zancada bonita, ágil y calzado de plástico en los pies. Oigo sus pasos acercarse y lo veo alejarse. Me pasan muy pocos y al rato no nos movemos de nuestras posiciones. Los voy viendo igual que me verán los que lleve detrás.


El paisaje ha cambiado, hay algún arbolillo. La pista es algo más dura de lo habitual y la arena se lleva mejor. He sido afortunado de salir temprano, así no sufro tanto los rigores del calor. Al CP2 llego solo y todos me aplauden y me animan por mi nombre. Es bonito sentirse hoy un poquito más importante. Hay cuestas donde pierdo algún puesto, por aquí delante vamos todos solos. En un descenso me encuentro un paquete de seis botellas que se debe de haber caído de un camión. Como no vulnera la autosuficiencia, relleno los botes, me refresco y dejo la botella unos pasos delante.


No sé si es porque voy bien, porque el viaje se acaba o porque el paisaje es más bonito y variado, pero esta etapa me gusta más. No me duele nada. Puedo levantar la vista. Ninguna parte de mi susurra pidiendo atención y el paso fluye. Pero no estoy pensando ninguna frase trascendental. Hacia el km30 llegamos a una zona poblada con algo de verde y en un giro de noventa grados aparece el CP3. Habitualmente los puntos de control se ven desde lejos y parecen no llegar nunca. Éste aparece de improviso y hay bastante gente animando. Mientras bebo, relleno los bidones, y me refresco con el agua sobrante se me acerca una doctora.
- Salut David, tu est bien? Ça va?
- Ça va, merci. Trés bien!
- Estás seguro? No necesitas nada?
- No, estoy bien. Muchas gracias.
- Es la última vez que te voy a decir esto, estás bien?
(silencio)
(sonrisa)
- Muy bien, muchas gracias!
(sonrisa enorme, ojos de emoción).

Es el último puesto de control antes de la meta dentro de diez kilómetros, poco más de una hora y habré acabado. Es la tercera vez que me emociono en esta carrera.


Lástima que el terreno ahora sea pestoso. El lecho de un río seco, arenoso, flanqueado por cultivos verdes a ambos lados. Lo intento, está hecho, pero no me parece eficiente correr. Así que camino deprisa y me pasan los que sí son eficientes. Cuando estoy apunto de salir del arenero me pasa el líder de la etapa de hoy. No parece que haga nada extraordinario. No va a velocidad supersónica. Pero va ligero, no se hunde. Como viene se va.



Toca subida terrosa y una vez arriba se ven cuatro kilómetros de dunas tamaño medio tras las cuales debe estar la meta. Esto está hecho, son los kilómetros de dunas en que más seguido he corrido, me pasan otros dos pros, que en este caso si dan la impresión de ir como locos. Subo, bajo, subo, bajo. Alguno adelanto. Sigo los escalones que unos pocos han trazado por delante en las dunas y ahí está la meta. Un poco más animada de lo habitual porque han venido algunos familiares. Miro atrás. No hay lágrima de sal ni nadie que me vaya a hacer sombra en mi momento. Paso la línea de meta, me colocan la medalla y me abraza Patrick Bauer, no sé si me dice algo, aplausos. Saludo a la cámara, sé que me están viendo aunque luego me entere que fui tan rápido en la etapa que no me esperaban hasta un poco más tarde y no me vieron.



Un periodista viene a hablar conmigo. Estoy fresco. Me pregunta sobre la carrera. No es un infierno.La comida liofilizada está buena. Puedo ducharme si encuentro 1L de agua que no me vaya a beber. Me ha gustado. Te haces. No volveré. Oye, me voy a tumbar un rato a la haima y a quitarme la mochila. No soy de los buenos, es que he salido hora y media antes. Debe estar a punto de llegar un catalán que pasé hace un rato, a lo mejor te interesa más porque en Salamanca no suelo leer el Periódico de Catalunya. Muchas gracias a ti. Nos vemos mañana.

111 en la etapa, 4horas53´07", a 8'6km/h


Me tomo un té.

Me quito la mochila.

Llamo por teléfono. Te quiero

Me ducho mientras se prepara la comida.

Como y me relajo mientras llegan los demás.

Está hecho. 

No hay más.

(continuará la crónica de Sables)

5 comentarios:

robertin dijo...

Esta claro que algo del experiencia se queda para tí, pero nos has permitido vivirlo algo desde la distancia.
Enhorabuena !! Me da que te faltaban otro par de etapas más....

A. dijo...

¡Qué rabia! no te vimos por los pelos, por vigilar el arroz que estaba en el fuego...
Pero qué emocionantes tus llamadas, y los mails, y qué reconfortante saber que estabas satisfecho.
Y Å diciendo "Papi txapeldun!", hay cosas que no tienen precio...

Manuel Carrillo dijo...

Corre otro, aunque sea para leer tus crónicas....

;-)

Enhorabuena!

Balti dijo...

Como siempre, encantado de leer el blog.

Chapeau monsieur!!!!

Una cronica genial!!!!!

A. dijo...

Oye!! Que queremos más!!!